De 2 a 3 caídas

Los ciclos en la lucha libre

En la vida como en la lucha libre hay ciclos. Periodos de tiempo que tienen un inicio y un fin.

Hay luchadores que toda su trayectoria transcurre dentro de una empresa y no solo se mantienen en ella sino se convierten en estrellas y figuras.

Ahí conquistan campeonatos, máscaras, cambian de bando, conquistan el cariño de la afición y encabezan los magnos eventos.

Jamás han tenido la necesidad de salir de la empresa y emigrar a otra compañía. Tienen bien puesta la camisera de la empresa en la que crecieron y ha confiado en ellos.

Después de alcanzar todos los estatus dentro de la lucha libre desde ídolo, estrella, figura y leyenda se retirarán en la misma empresa que los vio nacer. Atlantis es el más claro ejemplo.

Hay otros que son luchadores emblemáticos de una compañía. Ocupan los sitios estelares y los carteles principales.

Son un imán de taquilla, la afición o los odia o los quiere. Además cuentan con la personalidad y el carisma que atrae a los aficionados.

Sin embargo, por algunas diferencias dejan la empresa. Prueban el terreno independiente pero después de un tiempo regresan.

Es como el regreso del hijo pródigo. Vuelven a los sitios estelares, a recuperar el cariño de la afición y su sitio dentro de la empresa.

Y continúan así hasta que nuevamente hay diferencias y tienen que volver a dejar la compañía por convenir así a sus intereses y engrosar las filas de los independientes. ¿Les suena el nombre de El Cibernético?

También hay luchadores que empiezan desde abajo. La empresa les da la confianza. Tras encarnar un personaje alcanzan la idolatría. Se convierten en un verdadero fenómeno de masas e incluso los llegan a comparar con la máxima figura de la lucha libre de nuestro país El Santo.

Llena las arenas de la empresa en cada presentación y el estrellato es un nivel del que no vuelve a descender.

Pero las oportunidades solo se dan una vez en la vida y dejan la compañía para emigrar a una extranjera. Las cosas van bien, luego no tan bien y luego menos bien hasta dejar esa empresa y volver al país.

Vuelven a otra empresa que le da la confianza. El idilio dura poco y se suma a las filas de los independientes con acercamientos a la compañía que le dio la confianza en el inicio de su carrera hasta que finalmente vuelven a ella. Aquí encaja el luchador conocido en un principio como Místico y luego como Sin Cara y después como Myztezyz y ahora como Carístico.

Los hay quienes son estrellas en México avalados por su calidad y conocimientos dentro de los cuadriláteros.

Son contratados por una empresa extranjera. Emigran. Las cosas van bien, luego muy bien, luego excelente hasta que por una situación viene el rompimiento.

Regresan al país. Una compañía le da la confianza y le abre las puertas. Se convierte en el máximo campeón de la empresa. Encabeza los carteles y magnos eventos.

Pero luego resulta que la empresa extranjera vuelve a necesitar de sus servicios y deja compañía mexicana sin una despedida oficial. Alberto del Río es de quien hablamos.

Pero los luchadores no son los únicos que inician y terminan ciclos dentro de la lucha libre. Lo mismo sucede con las empresas.

Hay empresas que surgen a con la idea de revolucionar la lucha libre, de ofrecer conceptos distintos, de agradar y atraer a los aficionados.

Y en esa búsqueda hay aciertos y errores pero la convicción de seguir adelante y alcanzar los objetivos.

La etapa más brillante es esa maquinación de personajes nuevos de la mente del dueño de la empresa. Personajes que encarnan luchadores, personajes que pegan y los arropa la afición, pero también personajes que aparecen al mismo tiempo que desaparecen.

Crea conceptos nuevos dentro de la lucha libre que son criticados y recibidos con reservas por los aficionados y por quienes conocen del deporte. Es amado y criticado a la vez.

Pero de pronto esta mente creativa desafortunadamente se adelanta en el camino y la fuente de creación desaparece.

Quedan al mando de la empresa familiares de esta mente creativa que no hacen lo mismo que su antecesor de sacar nuevos personajes pero le dan un impulso al a compañía en cuanto mercadotecnia y crecimiento empresarial.

Sí, nos referimos a la Triple A tanto en esa primera etapa con Antonio Peña al frente como ahora con Maricela Peña y Dorian Roldan como jerarcas.

Se trata de ciclos. De etapas. De periodos de tiempo. Tanto de luchadores como de las empresas. De esplendor. De éxitos. De fracasos. De caídas. De aprendizaje.

Que siga habiendo más ciclos dentro de la lucha libre mexicana pero que jamás desaparezca.

 

cuachara_luchagor@hotmail.com