De 2 a 3 caídas

Las dos caras de la moneda

Mientras caminaba sobre la calle Fernando Soto en dirección a la ciclopista del Río de las Avenidas, en la ciudad de Pachuca, pensaba en cuál sería el tema de la columna de este domingo.

Pasaban de las nueve de la mañana, el sol estaba en lo alto, no había nubes que le estorbaran y en las calles se paseaba a gusto el frío de la ciudad.

La planta del pie derecho me molestaba un poco al caminar, el sol comenzaba a quemar y el aire frío mordía los cuerpos.

Entonces abracé una idea que ya había cruzado por mi mente hace tiempo. Las dos caras de la lucha libre. Los dos lados de una misma moneda.

Sí, me refiero a las situaciones que son opuestas dentro de la lucha libre pero que convergen dentro de este deporte como el agua y el aceite,  como dos vías paralelas,  como el ying y el yang.

Entonces tenemos a los rudos y a los técnicos. Dos lados opuestos pero que sin uno el otro simple no existiría.

El técnico es el luchador consentido de la afición, es arropado por el público y cuenta con su apoyo incondicional.

Es el que sigue las reglas, el que respeta al réferi, el que no comete faltas y vence a su oponente en el centro del ring.

El rudo está del lado opuesto. No sigue las reglas, le importa poco que el réferi esté en el cuadrilátero para hacer respetar las normas.

Humilla a su rival,  no le importa ganar como sea, el faul es una más de armas para vencer a su oponente. No le importa perder con tal de pasar por encima del técnico. No es apoyado por la afición y para él los abucheos son como los aplausos. Se hace odiar por los aficionados y eso le gusta.

Otra de las dos caras de la moneda dentro de la lucha libre son la máscara y la cabellera.

La máscara forma parte de la cultura de la lucha libre de nuestro país y todo aquel luchador que emprende el camino en el deporte de los costalazos piensa en enmascararse para resguardar su identidad.

La máscara es lo más preciado con lo que cuenta un luchador y la que le da sentido al personaje que encarna. En luchas de apuestas dejará todo en el ring para defenderla.

Pero hay gladiadores que no usan máscara,  ya sea porque la perdieron ante el rival o porque desde el inicio de su carrera prefirieron luchar con el rostro al descubierto.

Al no usar máscara la cabellera es lo único que pueden apostar y máxime si es una melena larga que han conservado durante mucho tiempo.

Dicen que el cabello vuelve a crecer pero poner en juego la cabellera es poner en juego el orgullo del luchador y demostrar quién es el mejor dentro de las doce cuerdas.

La lucha libre en nuestro país se desarrolla usualmente en encuentros de tercias, es decir, tres contra tres y cualquiera diría que es algo normal, pero el mano a mano también es una opción que define qué luchador es mejor. Otra de los dos rostros del pancracio nacional.

Y es que para cualquier aficionado asistir a un cartel en donde la mayoría de las luchas,  incluyendo la estelar,  sea de una tercia contra otra es usual y por supuesto que es atractivo ver sobre el cuadrilátero a seis luchadores.

Sin embargo, un encuentro de mano a mano también es una opción atractiva para los aficionados y más si el encuentro es de dos luchadores que ya traen pique.

Otra de las dos caras de la moneda es el desarrollo de la lucha libre a ras de lona y la lucha aérea. Aquí la afición se divide. En gustos se rompen géneros.

Y es que la lucha a ras de lona es y será la base de este rudo deporte con castigos,  llaves y contrallaves.

Los fieles a aficionados que gustan de este estilo suelen premiar de dos formas a los gladiadores: reconociendo en el desarrollo de la lucha con la arena “esto es lucha” y con dinero al final del encuentro aventado hacia el centro del ring.

En tanto la lucha aérea es la que desarrollan los luchadores con vuelos, movimientos en el aire, piruetas y lances fuera del cuadrilátero. Este estilo es del agrado de los aficionados jóvenes que descubren el pancracio como un modo de entretenimiento.

Un rostro más de dos caras es poner en juego la máscara o un campeonato. Decía arriba que la máscara es lo más preciado para un luchador y por ende que esto tenga una mayor importancia a la hora de ponerla en juego.

Pero también el disputar un campeonato tiene su mérito. Un luchador puede ser uno de los mejores en los encordados pero si es avalado por campeonato ya sea de su empresa o nacional su estatus se eleva ya sea al obtenerlo ante un gran rival o simplemente retenerlo frente a un oponente de calidad.

Todas son dos caras de una misma moneda, de un mismo rostro, la lucha libre.

 

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