De 2 a 3 caídas

El cambio de técnico a rudo

Siete de la noche con veintiocho minutos del viernes y llego la estación Niños Héroes del nuevo sistema de transporte Tuzobús en la ciudad de Pachuca.

Debo ir a un evento oficial y he decidido que en el trayecto redactaré la columna de este domingo.

Tres minutos más tarde y el Tuzobús llega a la estación. Lo abordo junto con otras personas detrás de mí y me siento justo atrás del chofer. A mi lado derecho ocupa el asiento una mujer de mirada indiferente.

Entonces comienzo a redactar la columna y justo antes de teclear las primeras ideas en el teléfono celular el Tuzobús llega a la estación Plaza Juárez. Una mujer se para a mi lado izquierdo y le cedo el asiento.

Ahora voy de pie a un costado del chofer, pareciera su copiloto, pero no, tengo la mirada clavada en el celular, y en movimiento sobre el teclado mis dos pulgares para, ahora sí, iniciar la columna.

Pero antes quiero decir hoy el frío se pasea por la ciudad, que en el firmamento hay un banco de nubes, que caen los últimos rayos del sol, que está por terminar el verano y que mi vida la ilumina una persona especial. Bueno quizá no deban enterarse de mi vida pero sólo les diré que soy feliz a lado de esa persona.

Justo acabamos de pasar la estación Prepa 1. Ahora sí entremos en materia. He pensado que para la edición de hoy hablaré sobre el cambio de bando en la lucha libre, específicamente del cambio de técnico a rudo.

¿Qué es lo mejor que le puede pasar a un luchador técnico para que su carrera despunte y dé un giro  de 180 grados? Definitivamente cambiarse al bando rudo.

Dejará los aplausos por los abucheos, la técnica por las rudezas, el apoyo de la afición por el rechazo generalizado.

Dicen que para ser un buen luchador se deben de manejar los dos bandos, dominar la técnica pero también la esquina ruda.

Y es que es el luchador rudo es el que le pone la sal y la pimienta a la lucha. No le importa que no lo apoyen, sus aplausos son los abucheos y las consignas, dominar a su rival rompiendo las reglas, ganar sin importar el cómo, perder incluso por descalificación pero pasando por encima de su oponente.

Siete de la noche con cincuenta y dos minutos y llego a la estación Zona Plateada. Debo ir al evento pero continuaré la columna regresando. Saliendo de la estación miro a la luna, está en cuarto creciente en medio de un cielo azul.

Ocho de la noche con cuarenta y dos minutos y regreso a la estación Zona Plateada. El evento ha terminado, ha oscurecido por completo y debo volver al periódico y continuar con el texto en el trayecto de regreso.

He visto qué rutas me dejan en la estación Niños Héroes, sólo la ruta exprés cuatro y la paradora cinco.

Tres minutos después llega el Tuzobús. Lo tomo. Voy de regreso al centro y también de vuelta a la columna. El Tuzobús va lleno, para variar, pero alcanzo a tomar un asiento, sin embargo segundos más tarde lo cedo a una joven mujer de lentes que lleva un vaso de café entre las manos.

Voy de pie en la puerta trasera del Tuzobús con la mirada y ambas manos en el celular y el riesgo de caer con la velocidad de la unidad.

Entonces decía que los rudos son la sal y la pimienta de la lucha libre. Hay luchadores que han tomado un segundo aire en este bando, que su carrera se revoluciona, que les sienta bien la esquina ruda y aún en este bando son arropados por la afición.

Entonces la esquina técnica queda atrás y aquellos que fueron sus compañeros en antaño ahora son sus rivales y sólo les queda terminar con ellos.

Engrosar las filas de los rudos no solo es cambiar de esquina también el equipo de lucha, la indumentaria, los colores y sobre todo la personalidad sobre las doce cuerdas. Se está, como dirían los cronistas de lucha libre, del lado del mal.

Ahora ya no importan las reglas sino destrozarlas, ir contra corriente, acabar con el técnico y hacer del faul un recurso infaltable en cada encuentro, romper la máscara del oponente deberá ser una constante en los encuentros con el odiado rival.

Pasamos la estación Manuel Dublán y queda un par más para llegar a mi destino.

Los rudos son el sabor en la lucha libre, el némesis de sus rivales, los gladiadores a vencer en cada lucha.

Que un luchador cambie a este bando es lo mejor que le puede pasar para reposicionar su carrera e impulsarla. La rudeza es grandeza. 

Nueve de la noche con ocho minutos y bajo en la estación de Niños Héroes. He terminado de teclear la columna, el frío abraza la ciudad, las nubes, las estrellas y la luna adornan el cielo.

Posdata: hoy se celebra lo de Alex y sabes lo que significa. Qué felicidad.

 

cuachara_luchagor@hotmail.com