De 2 a 3 caídas

El Príncipe Rebelde

Conocí al Príncipe Rebelde en la Universidad, allá por el 2004. Para entonces no sabía que era luchador, yo sólo lo conocía como el negro.

Él iba varios semestres delante de mí y se encargó de nuestra novatada como estudiantes haciéndose pasar como catedrático, era un tipo que no pasaba desapercibido.

Coincidimos en nuestro gusto por la lucha libre, pero no recuerdo en qué momento descubrí o me enteré que era luchador.

Después de la Universidad, aún seguía sabiendo de él. Lo vi luchar en el gimnasio Miguel Alemán, en Pachuca, en un homenaje a Super Crazy.

Identifiqué claramente al negro aún con la máscara puesta, era inconfundible. Realizó algunos movimientos de manera ágil y su técnica parecía pulcra.

Después de ello, coincidimos en la Arena Afición en donde ambos acudíamos como aficionados.

En el área general intercambiamos comentarios sobre algunos luchadores, pero él, fiel a su costumbre, cada que una leyenda viviente visitaba Pachuca llevaba consigo posters o algún álbum para que los autografiara el luchador en turno.

Busqué al negro en su trabajo para hablar de su faceta como luchador. Me crucé con él al llegar al edificio donde labora.

Accedió a platicar y subimos a la siguiente planta para no ser interrumpidos.

Su gusto por la lucha libre nació desde niño, no sabe por qué, pero de lo que está seguro es que cuando era pequeño admiraba al Santo. Después vino la admiración por Canek, Blue Panther, Negro Navarro, Dr. Wagner Jr y el Último Guerrero.

Originario de Pachuca, inició a entrenar lucha libre a la edad de 15 años. Recuerda muy bien la fecha, 25 de septiembre de 1996.

Le pregunto por sus profesores y hace una lista de cuatro luchadores: Raf García, Titanio, el Hijo del Gladiador y Arturo Beristain.

Dos años después viene el debut, también recuerda la fecha con exactitud, 19 de julio de 1998. Bajo el nombre de Rebelde Nocturno llevaba de compañero a Furia Hidalguense, enfrentaron a Small Rocker y a otro luchador que no recuerda.

No tiene problema en decir que aquel domingo en que hubo una buena entrada en la Arena Afición perdió la lucha.

La historia del nombre de Príncipe Rebelde es larga, pero acortada me cuenta que el Príncipe Gitano tuvo problemas su hermano Rey Gitano por el nombre; el primero deja el mote de Gitano, conserva el de Príncipe y se une al negro como pareja luchística, ahora como los Príncipes Rebeldes.

Al negro lo identifican tres rasgos característicos de su rostro, pero no los voy a describir porque la identidad de un luchador debe quedar resguardada bajo la máscara; lo que sí diré es que el negro es un tipo con facilidad de palabra, que si no lo conoces bien puede parecerte hasta mamón, es extrovertido, te dice las cosas como son, sin pelos en la lengua y le encanta bailar la cumbia y la salsa.

-¿Eres rudo o técnico?- le pregunto.

-Rudo, no hay otro, o se es hombre o se es rudo, no hay más.

Sus primeras luchas fueron en la Arena Afición, pero el señor Viornery lo despidió en dos ocasiones, sí, por rebelde.

Desde entonces en 14 años no ha vuelto a luchar en el histórico inmueble de la avenida Cuauhtémoc.

Pero el negro, que jamás se cierra al mundo, se trasladó a Tulancingo gracias a Crazy Boy.

Ahí luchó en la Arena Libertad, la Coliseo de Tulancingo y en el estacionamiento BM en donde enfrentó a los Porros, Lady Rabit, el Cazador, el Impostor, Crazy Boy y Super Crazy.

En el 2001 llegó a la Arena México, ahí entrenó con Arturo Beristain en donde enfrentó a Escorpión Dorado, Ringo Mendoza, Popitecus y el Hijo del Fantasma. No luchó en la Arena México, pero sí en la Arena Coliseo y en la Arena Neza con carteles del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL).

También pisó los cuadriláteros de la Triple A. Junto a Fenix luchó contra Esquizofrenia y Mamba en Querétaro. Aquella vez el Príncipe Rebelde apareció en las cámaras de televisión en la empresa fundada por Antonio Peña.

El negro es licenciado en Ciencias de la Comunicación, su hija no sabe que es luchador y tiene lesiones en los hombros, las rodillas y en la cintura del lado derecho. El retiro podría venir en dos años.

Sus presentaciones siempre fueron en Tulancingo, pocas veces en Pachuca. Fue campeón medio y completo de Tulancingo y libró varias luchas de apuestas.

Hoy lucha ya menos por su trabajo. De sus 33 años, está por cumplir 18 como luchador.

La plática con el Príncipe Rebelde es amena y antes de irme le pregunto qué es para él la lucha libre.

Toma aire y suelta la respuesta con una sonrisa abrazada de la más genuina sinceridad: la lucha libre es mi vida.  


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