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El Museo del Santo

La expectativa era alta. Ir al lugar dedicado a la máxima figura de la lucha libre de nuestro país, el Santo.

Su ubicación, Tulancingo,  a 40 minutos de la capital hidalguense, un municipio marcado por una inundación histórica hace años, los guajolotes, su Catedral, el jardín la Floresta, las tortas la Preferida, la lucha libre y sus mujeres bellas.

Para llegar acá hay que reiterarse del centro de la ciudad, cruzar el Museo del Ferrocarril;  el Museo del Santo está a un costado, pero primero hay que pasar a ver la estatua del enmascarado de plata, unos metros más adelante.

Pasa del medio día y las nubes en lo alto refrescan el lugar, el cielo es de un azul intenso y la lluvia vendrá más tarde.

La estatua del luchador, que asemeja un color plateado está sobre una base que rebasa el metro de altura,  rodeada de una reja mediana sobre un pasto verde.

La figura del Santo es una de las clásicas que lo llevó a la inmortalidad en los cuadriláteros y en las pantallas de cine: el brazo derecho colocado a unos centímetros de su costado y el izquierdo levantado a la altura del pecho. En el vientre un cinturón que lo avala como campeón, en la espalda su clásica capa.

La estatua es decente aunque alejada del museo y por su ubicación un tanto olvidada, a la orilla cruzan unas vías en las que hoy el tren ya no cruza, son sólo un vestigio del pasado.

La reja aunque se utiliza para proteger el monumento y es pequeña no se presta para la fotografía del recuerdo.

Sin embargo, el visitante, al estar acá, frente al monumento de uno de los luchadores más grandes que ha dado la lucha libre en México no puede evitar capturar la postal, ya sea sólo de la figura o apareciendo en la fotografía para constar el haber estado en el lugar.

El Museo del Santo se ubica a un costado del Museo del Ferrocarril. No es un espacio grande ni tampoco de la categoría de una leyenda de la lucha libre de nuestro país.

El lugar te recibe con una figura del Santo que simula aplicar el castigo que inmortalizó a lo largo de su carrera, la de a caballo. Se trata de una figura en la que el visitante se puede tomar la fotografía del recuerdo si desea verse sometido por el castigo.  En el sitio hay reseñas del luchador, desde sus inicios en los cuadriláteros así como su paso por el cine, posters de sus películas, fotografías en solitario y con luchadores, máscaras, imágenes de recortes e impresiones sin calidad que le quitan seriedad al sitio.

Hay también una televisión en la que se proyectan las películas del Santo, desde aquellas en blanco y negro en donde usaba la capa y elegantes autos para transportarse hasta las de color en donde con el paso de los años se asemeja a una figura de James Bond.

El recorrido, que es pequeño, concluye en una segunda planta conectada por unas escaleras en donde el visitante termina con ganas de ver más cosas sobre el Santo, pero no las hay ni hay más espacio.

Es prácticamente nulo el material original y sobre todo con historia del enmascarado de plata que se ofrece en el lugar a los visitantes, turistas que no sólo son del municipio, de la región, sino que vienen del centro e interior del país a conocer el Museo dedicado a la máxima figura de la lucha libre de nuestro país.

Los encargados del Museo cuentan con más artículos del enmascarado de plata pero por falta de espacio lo mantienen guardado, se trata de más posters de sus películas, cintas en las que el Santo prácticamente era un héroe, pues lo mismo enfrentaba en ellas a mujeres vampiro, hombres lobo, momias, extraterrestres, fuerzas del mal y a mafias internacionales.

La idea es ampliar el lugar para poder ofrecer a los visitantes más artículos del luchador pero el Ayuntamiento de Tulancingo no cuenta con los recursos necesarios para esta tarea, aunque el proyecto y la idea ahí están.

Hablar de Rodolfo Guzmán Huerta, el Santo, originario de Tulancingo, es hablar de una leyenda, de la máxima figura de la lucha libre de nuestro país y tener un museo dedicado a su memoria que no refleja calidad es simplemente algo inaceptable.

No se cuenta con una infraestructura de calidad,  el sitio adecuado,  el material original, ni el tributo merecido al hombre,  al luchador,  el actor, la figura, el ídolo,  la leyenda.

A su favor cuentan con el hecho de dedicarle un espacio, un homenaje, un sitio para recordar al luchador que nació en Tulancingo pero que creció en el centro del país. En su contra está el contar con un lugar que no corresponde a la categoría y la talla del Santo.

El enmascarado de plata no sólo es una leyenda, el Santo trascendió las fronteras de nuestro país, ojalá así lo entendieran los encargados del Museo y se tenga más adelante un sitio de calidad.  


cuachara_luchagor@hotmail.com