De 2 a 3 caídas

La Arena Afición, un inmueble descuidado

En el cruce con Fernando Soto tomé la avenida Cuauhtémoc y enfilé hacia la Arena Afición.

Enseguida atravesé Gómez Pérez, estaba a unos pasos del inmueble. Hacía calor y el frío se había perdido dos días atrás.

En dos ocasiones anteriores ya me había enfrentado al rechazo de Ricardo Antonio Viornery Mendoza, empresario de la Arena Afición, para hablar, a través de una entrevista, sobre el mítico inmueble.

En la primera, recuerdo, dijo que no le interesaba. En la segunda, dijo que estaba ocupado.

Y en esta tercera, la respuesta cayó el mismo abismo que las dos anteriores.

Justo antes de llegar a su oficina advertí que no estaba estacionado donde siempre su VolksVagen rojo y que en automático él tampoco estaría.

Sin embargo, una vez en la Arena, su auto se encontraba en el pasillo de la entrada.

Sabiendo que quizá me enfrentaría a una nueva negativa y en vista de que no había nadie quien custodiara el acceso a la Arena, ingresé.

En el piso del pasillo de ingreso había restos de agua, señal de que alguien había lavado el lugar.

Unos pasos más adelante, de lado derecho hay cuadros de carteles de la Arena Afición del pasado, un mueble de vidrio y un altar de la Virgen de Guadalupe montado por el Sindicato Nacional de Luchadores y Réferis Profesionales Sección Número 3 de Pachuca.

Justo en frente, del lado derecho, hay más carteles. Y uno llamó mi atención, el del martes 21 de enero de 1986 en el 34 aniversario de la Arena.

En la lucha estelar se enfrentaron El Solitario y Villano III contra el Perro Aguayo y Fishman.

En la semifinal Dorrel Dixon y Dos Caras contra el Cobarde II y Canek. Y en la tercera lucha los Villanos I, IV y V contra el Signo, el Texano y Negro Navarro.

Aquel debió ser un encuentro memorable con tantas figuras de la lucha libre de nuestro país.

Completan los carteles sobre la pared verde enormes cuadros de Dr. Wagner, Ray Mendoza, Dorrel Dixon, El Nazi, Blue Demon y Mil Máscaras.

La Arena luce vacía, es viernes y el silencio reina en el lugar.

Uno puede admirar el inmueble desde cualquier punto.

Las butacas son cafés con numeraciones, las de las primera fila algunas están pintadas de rojo.

En el ring, la lona rodeada por las 12 cuerdas es de un azul intenso con los costados en rojo.

Y en lo alto hay una especie de cajón en donde están colocadas lámparas de neón que iluminan el cuadrilátero.

El área general también es de un café claro, gastado por el tiempo.

El área de gradas está delimitada con láminas de un rojo oscuro, los asientos y las paredes son de un verde agua. El acceso a los vestidores lo cubre una lona partida en dos bañada en rojo.

En esta Arena, que el pasado 31 de enero cumplió 63 años de vida, han pasado grandes figuras como Dr. Wagner, Huracán Ramírez, Enrique Vera, Ángel Blanco, Rayo de Jalisco, Blue Demon, Ray Mendoza, Irma González, Mil Máscaras, Karlof Lagarde, los Misioneros de la Muerte, los Brazos, los Villanos, entre muchos otros.

Sin embargo, al señor Viornery parece importarle poco el estado físico del inmueble.

El área general, independientemente de estar cubierta de polvo, el mismo polvo que encuentra uno en los tradicionales martes de función, le faltan pedazos de madera, además de estar desalineadas. Esto se puede ver justo en la entrada a mano derecha.

Las láminas que delimitan el área de gradas, además de estar desclavadas y tener hendiduras por manotazos de los aficionados, presenta tres agujeros claramente visibles.

Las seis bocinas colocadas debajo del área de gradas están bañadas en polvo. Y en un espacio en el que aparece el letrero de extintor hay una bocina.

En el techo del área general y el espacio donde se anuncia a los luchadores las telarañas parecen formar parte de un adorno de este inmueble.

Justo antes de tomar el pasillo para ingresar a la Arena, en una pared a mano izquierda, el yeso se ha votado y se pueden verse los tabiques anaranjados, poco falta para que en una circunferencia de 60 centímetros se termine de caerse otro pedazo de yeso.

Salí de la Arena, había visto lo que tenía que ver, un inmueble con historia pero descuidado.

Tomé hacia la oficina del señor Viornery y ahí estaba él, sentado frente a su escritorio leyendo el periódico.

Me presenté y le pedí amablemente una entrevista para hablar del reciente aniversario de la Arena.

El hombre, de chamarra negra, pantalón crema y lentes en los ojos, me miró como las otras dos ocasiones anteriores, con desdén.

"Venga el lunes, porque ahorita voy a salir", me dijo.

Sí, el tercer intento por saber más sobre la Arena Afición se había ido al caño.


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