Columna Invitada

“En cada hogar mexicano, hay un Chiva hermano”…

Gracias a dos hechos recientes, vinculados a las luces del deporte-espectáculo más popular del país, tenemos la oportunidad de discutir algunos de los asuntos más oscuros que continúan acechando a nuestra sociedad.

El que ambos asuntos se relacionen con las Chivas Rayadas del Guadalajara, permite dimensionar los efectos que su discusión pública puede tener en beneficio de todos.

En efecto, apenas hace unas semanas se registró una infame trifulca en tribuna, que derivó en uno de los consensos legislativos más sonados de la Legislatura actual. El asunto involucró a la porra del Guadalajara y a las fuerzas del orden de la capital tapatía.

Ahora, hace unos días, un nuevo escándalo mediático involucra a uno de los grandes equipos del futbol nacional.

Esta vez, con la figura de su director técnico involucrado, el caso gira, desagradablemente, en torno a la existencia de una supuesta historia de acoso y hostigamiento.

A pesar de tratarse de dos asuntos lamentables, ambos acontecimientos puede ser de gran utilidad didáctica en beneficio del país, pues ponen en el centro de la opinión pública el grave problema social que representan las diferentes violencias que vivimos cotidianamente.

Me parece en que todos coincidimos en una intolerancia: un partido de futbol no debe estar manchado por violencia salvaje desatada en las tribunas.

Considero que, como sociedad, también debemos combatir, con el mismo énfasis, con la misma inclemencia, la naturalización de la violencia sexual y laboral que existe entre nosotros.

Puesto que se ha escrito mucho acerca de lo que sucedió en las tribunas del estadio Jalisco, me parece que es necesario dedicar unas líneas al escándalo que, por estas horas, se pasea en los vestidores del Guadalajara.

En junio de este año, celebraremos el vigésimo aniversario de la Convención Belem do Para, que es uno de los instrumentos de derecho internacional más importantes para proteger el derecho de las mujeres en México a vivir una vida libre de violencia.

Con independencia de que el asunto que nos ocupa, está empezando a vivir la ruta jurídica que le corresponde, lo que le augura un futuro procesal seguro, lo cierto es que el asunto, ya presenta bondades significativas para la sociedad mexicana al visibilizar uno de nuestros problemas más serios y recurrentes: la violencia sistemática en contra de las mujeres. 

No es menor que este asunto, que involucra a una de las instituciones más queridas y representativas de nuestro país, permita visibilizar una epidemia: tenemos la oportunidad de debatir y reflexionar en torno a las relaciones asimétricas de poder, a los estereotipos que generan violencia y discriminación en contra de las mujeres en México, a partir de lo que sucede al interior de uno de los fenómenos culturales más importantes del país.

Hace ya tiempo que, como sociedad, nos debemos saber más acerca del papel y la condiciones que las mujeres, que representan más de la mitad de nuestra población, ocupan dentro y fuera de las canchas. No debemos olvidar que, en esta industria, las mujeres también juegan. 

Tener un mayor conocimiento social, generado colectivamente al respecto, es un primer e indispensable paso para consolidar la sociedad de igualdad y de derechos, el México no discriminador,  al que todos aspiramos.

Quizás hace algunos años fue un carpintero el que me aclaro la importancia de este tema.  Ya entrados en gastos y confianza, le pregunté a quién le iba. Sonriendo, haciendo clavos y martillo a un lado, me contestó: “en cada hogar mexicano, hay un Chiva hermano”.

La visibilización y discusión pública, con base en la Constitución, los tratados internacionales y las leyes, de lo que hoy sucede en el Club Guadalajara, puede, una vez más, y en consonancia con su historia de grandeza, servir de inspiración a millones de personas, más allá incluso de su propia afición.  Gracias a la institución que auspicia al “rebaño sagrado”, contamos con una oportunidad para hermanarnos, todas y todos, en beneficio, especialmente, de la efectividad de los derechos de las mujeres en nuestro país.

* Especialista en Derechos Humanos y Titular fundador de la oficina de Derechos Humanos de la Suprema Corte