A lo warrior

Las viejas paredes de Pumas

Pumas está atrapado en un lúgubre calabozo sin un solo halo de esperanza que le extienda la mano. Deambula sin sentido. Se levanta, se recarga en alguna pared, pero rápido de una jornada a otra, vuelve a desvanecer.

Imagino a Pumas como la casa de los abuelos, esa que sigilosamente y sin pedirle autorización al tiempo se hace vieja y se cuartea. Silenciosamente erosionada aunque alimentada de buenos recuerdos.

Por su pasillo principal, entre el polvo de los años y un presente con aroma a moho, resaltan los cuadros de quienes forjaron la historia del club. Ahí están las finas estampas de Campos, Suárez, Muñante, Negrete, Ferretti, Hugo y Cabinho. Y frente a ellos, en otro agrietado muro, aparecen enmarcadas las imponentes piruetas de Luis García, Flores y Cuéllar.

Si uno se adentra un poco más, no queda mucho. Quizá un Verón a lo lejos y uno que otro portarretratos con los últimos canteranos productivos como Cabrera, Cortés y Herrera.

El jardín donde alguna vez jugaron enormes leyendas de importación, hoy está seco y marchito. No tiene brillo. Sólo hojas consumidas por el sol. Refuerzos extranjeros que no presentan suficientes credenciales para vestir semejante camiseta.

¿Y su bella fuente? ¿Dónde quedó el más leal de los suministros que regaba a la casona? Hoy apenas salpica unas cuantas gotas. Insuficiente para que Pumas recobre la memoria e insuficiente para evitar que recurra a foráneos de medio calibre.

Lo que no hace mucho era un verdadero museo de esculturas y leyendas, no es más que una morada descuidada. Visitada, querida y respetada sí, pero también relegada por un presente resultadista.

Cómo estará la otrora mansión, que hoy quienes recorren esos pasillos para buscar respuestas en medio de la crisis, se estremecen cuando se tropiezan con un arrumbado cuadro, que al voltearlo y desempolvarlo, aparece casi fantasmagóricamente, la fruncida imagen del Pikolín Palacios. Y entonces, no queda más que suspirar.

carlosguerrerogallegos@gmail.com

Twitter@CARLOSLGUERRERO