A lo warrior

Qué sentidos somos (cuando nos conviene)

Por la vida va sin soltar la mano de su propio personaje. Amanece con él, come con él y seguro estoy, hasta se acurruca con él. Alejandro Fantino sería un absoluto desconocido si su fiel personaje —del mismo nombre— le abandonara unos minutos.

Si el comunicador argentino etiquetó de "horrenda" la liga mexicana y si confundió a Rayados con Dorados, es muy su problema. Pero si nosotros nos desgarramos, nos sentimos ofendidos y revoloteamos de forma patriotera... el problema es nuestro.

¿Qué más da que Fantino hable pestes de la Liga Mx? ¿Cuántas veces no hemos también despotricado tras los somnolientos empates, ante nuestro sistema o ante Decio y compañía? Le llamamos petardo, tronco y bulto al que demuestra poco o nada en un par de jornadas. Le gritamos al portero, insultamos al árbitro antes de que marque y adoptamos cánticos sudamericanos. Pero eso sí, con tal de irnos sobre Argentina por culpa del polémico hombre, hasta comparamos el PIB de un país y otro para ver cuál está menos jodido.

Fantino —o su personaje— es relator, presentador, productor de cine, de televisión y hasta actor. Para darnos una idea de quién es y cómo es, en su programa "Animales sueltos" liquidó a los seleccionados argentinos por perder la final ante Chile. "Perdón que lo diga pero hay jugadores que se cagaron y se vienen cagando en las finales". Tundió a Higuaín, a Mascherano y al propio Messi.

Incendiario cual barra brava y fanático. Tan narcisista que hasta en su debut como actor se interpretó a sí mismo. Alejandro conduce igual un programa de futbol que de espectáculos o de política. Y lo hace bien.

Hoy se habla de él en donde no existía. "Qué grande soy", debe pensar mientras recuesta a su personaje en el sofá. Todo por el caso que le hicimos al muñeco de mirada melancólica y porte de padrote. Todo por sentidos.

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