A lo warrior

Sé lo que hicieron el verano pasado

Así que no hay margen para otro tropiezo de semejante magnitud. Un año después de la dolorosa caída en Copa América del Centenario, la selección mexicana vuelve a la mesa de laboratorio para ponerse a prueba.

El paso casi perfecto, sin campos dinamitados en eliminatoria y el invicto en el Hexagonal, tendrá que reflejarse de alguna u otra manera en la Copa Confederaciones. Dura evaluación que retaca de nervio a más de uno en las altas esferas. El propio Juan Carlos Osorio lo sabe. Una vez más, su nobleza y grado máximo de estudios estará bajo análisis con todo tipo de miradas. Desde las que entienden su filosofía, métodos y formas, hasta las que quieren comerlo vivo por considerar que de su mano no se llegará a ningún lado.

Osorio como mandamás del proyecto es el primer responsable de que el engranaje funcione. Cómo me encantaría que también a la par, lo fueran los jugadores. Esos que parecen tener un fuero invisible que los protege de toda crítica desviándola hacia el estratega con la velocidad y precisión de un rayo láser.

Aquella amarga tarde del 7 a 0 no solo fue cuestión de Osorio. Los que formaron parte de la catástrofe, hoy más que nunca deben saber lo que se juegan a partir del domingo. Ellos también están a prueba ante a Portugal, Nueva Zelanda y Rusia. El futbol les brinda la maravillosa oportunidad de salir de esaconfortable zona repleta de amistosos y con público a favor. Jugar en Europa partidos oficiales marca, viste, catapulta o sepulta.

México tiene en sus manos la posibilidad de refrendar su suculento andar por Concacaf, de borrar los últimos vestigios de aquella cicatriz adquirida en Estados Unidos y de que no se abra nunca más porque de no ser así, no habría torniquete que detenga otra hemorragia a un año del Mundial.

carlosguerrerogallegos@gmail.com • Twitter@CARLOSLGUERRERO