A lo warrior

El otro sabor de la derrota

Le pasó al América, también a Pumas. Ambos encontraron en el hedor de la pisoteada lona, mientras la nariz hacía contacto con ella, producto de algún certero golpe, un poco de alivio para disminuir el hematoma.

¿Dónde dice que solo es una la fórmula para el éxito? No es lo mismo vencer por la mínima diferencia que por tres o más goles, no es lo mismo ganar por decisión unánime que por KO, se saborea distinto, sabe distinto; es válido por lo tanto, darle dimensión a la derrota y dignificarla un poco, siempre y cuando partamos de la forma.

La fehaciente reacción americanista en plena semifinal, por esa suculenta manera de levantarse y luchar para morir de algo, bastó para conseguir la absolución inmediata de su pueblo y para quitar el título de fracaso tras la eliminación.

Sirvió para que se viajara a Japón con la sabia calma de un padre que ve a su hijo perder la competencia de atletismo, pero sabe que el vástago ha dado su máximo esfuerzo, ya lo sucedido en el Lejano Oriente es otra historia.

Pumas en la final frente a Tigres, de la misma que forma que América en la semifinal de vuelta, ganó –por extraño que se escuche- en la derrota, subió a un podio imaginario, trazado por lo que significa el espíritu de lucha de su recinto universitario. Y estoy seguro que tras el dramático desarrollo del partido y el delirante desenlace se sumaron más adeptos a la causa felina de los que pudieron restarse por presunta decepción, por la forma en cómo hicieron palpitar la cancha de CU, más de uno debió quedar enamorado de Pumas, cual adolescente flechado a primera vista.

Fue tan extraño todo aquella noche donde se consumó el título de Tigres que, se le debió reconocer más al caído, y menos al vanagloriado, por la forma en que con la mesa puesta, tiró sobradamente del mantel hasta casi cometer pecado.

Si existen formas en la victoria, también las hay en la derrota.


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