A lo warrior

El panteón queretano y Vucetich

De Gallos Blancos nos acostumbramos durante mucho tiempo a escuchar inverosímiles historias. Muchas de ellas ficción y otras tantas, por no decir que la mayoría, triste realidad.

¿Cuántas veces no leímos artículos sobre maldiciones que rondaban al equipo y hasta teorías paranormales de que su estadio está construido sobre un panteón? Todo para justificar su gitano andar.

En alguna ocasión, hace más de una década, un ex jugador profesional de Gallos Blancos me reveló que fue encajuelado y "paseado" durante una hora por atreverse a cobrar su sueldo atrasado. Querétaro no era más que un sube y baja. De esos que nunca faltan en un parque para niños. Una escuadra que no tenía mayor opción más que luchar por el ascenso y después, pelear por no descender al primer torneo.

A pesar de su modus vivendi alejado de los grandes lujos, una fortísima pasión siempre ha prevalecido en La Corregidora. Me consta. Alguna vez me introduje discretamente al corazón de su barra. Lo que vi y viví ahí dentro, pocas veces lo he sentido. Afortunadamente a dicha plaza le llegó el momento de poder caminar sanamente, sin manejos extraños y con algo más que buen presupuesto: conocimiento y visión. Directivos renovados y empresarios sólidos dispuestos a forjar una institución lo suficientemente ganadora para evitar descensos constantes.

Vucetich fue parte importante del cambio. Fabricó las vitrinas y las colocó donde antes solo existía estantería con trofeos de Segunda División. El llamado Rey Midas puede irse con la frente en alto, por la puerta principal y entre imaginarios aplausos de una afición que debe agradecerle dos cosas: haber convertido el descuidado parque en un colorido jardín, y haber enterrando aún más, a los que supuestamente habitan ahí abajo.

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