A lo warrior

El pentagrama de Pumas

Tan derrumbado el proyecto de Pumas en torneos anteriores que los once puntos logrados en el arranque del torneo saben a exquisito manjar, a cristalino oasis en medio de una sequía que parecía interminable.

Todo el reconocimiento a David Patiño. Le retiraron los grilletes y las cadenas que lo esclavizaban como un interino sin voz, sin voto, sin derecho a nada. Le brindaron entera libertad y ahora gobierna con resultados.

Patiño lo hace ver fácil. Lo disfruta tanto como aquellas tardes noventeras junto a Luis García, Jorge Campos, García Aspe y compañía. Su trabajo luce pleno y llevadero. Un sereno y sensato bohemio del futbol que dirige sin complejos, sin poses y con la sutileza de todo buen músico que se regocija tocando la guitarra.

Quienes en ediciones anteriores entregaban notas reprobatorias, hoy presumen una estrella en la frente y los que parecían estancados, han salido de la arena movediza sin problema alguno. De ahí que Van Rankin, Quintana, Barrera y Cabrera estén por encima de su propia media.

A Jesús Gallardo la mesa experimental de la Selección Mexicana le ayudó para aprender a defender. Ahora que juega en su posición de extremo, vuela, y se nota con personalidad de sobra por toda la banda izquierda. Gallardo ya se la cree. La exposición y los escenarios pisados con la camiseta nacional le han hecho crecer enormidades.

Qué decir de Barrera. Ya no necesita corretear el balón y conducir a mil por hora. Su madurez le permite manejar las velocidades cual piloto experimentado para evitar desgastes innecesarios y dejar combustible para las últimas vueltas.

Tan alineados y fuertes todos en Pumas. Castillo, Alustiza, Arribas. Afinados, parejeros y paralelos todos como las mismas cuerdas del instrumento favorito de David Patiño.

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