A lo warrior

Un penal y un León inexistente

León fue más chato en su ataque que un perro de raza Pug, igual de inofensivo que el mismo cachorro, adorado por niños debido a su nobleza y apacible desparrame.

Juan Antonio Pizzi quiso sorprender y él mismo terminó sorprendido. Echó a andar en los días previos al juego ante América, una sofisticada máquina de humo como para inflar el colchón o abrir el paraguas por si se venía la caída o una severa tormenta.

Se atrevió a decir que 'alguien' había generado una campaña para desestabilizar al grupo. ¡Por favor!

Pizzi se sintió Pep Guardiola y pretendió ver en el León a un Barcelona –único equipo en el mundo- capaz de jugar y/o dominar sin un centro delantero nominal. Pensó que descubriría el hilo negro colocando a Gullit Peña como hombre más adelantado para hacerle daño a la zaga americanista.

Pero ¡oh sorpresa!, Gullit Peña –uno de los mejores mediocampistas del país- jugó tan incómodo cual jugador de llano al que se le han metido en el zapato un par de filosas piedras, siempre de espaldas al marco y más abandonado que un náufrago en altamar.

León sin Boselli se reduce a poco o nada. Si en la vuelta no está, que se vayan despidiendo.

América por su parte, despertó rápido de su letargo inicial, pronto encontró los goles para retomar confianza. ¿El penal? inexistente, un grave error con tintes de regalo arbitral con todo y moño. Ramos Palazuelos tardó en señalarlo. Nunca debió marcarlo.

El penal condiciona el juego, pero tampoco fue el único factor por el cual América ganó y goleó.

América se llevó el partido porque fue más elocuente en su parado, en sus formas y estrategia, aún sin ser una maravilla. Jugó a lo suyo sin pretender inventar. Pizzi olvidó el truco. Tuvo el escenario, el hielo seco, pero se quedó sin chistera, sin palomas, conejos y sin asistentes, el mago Pizzi se partió en dos. Terminó más solo que Peña y más agitado que un Pug.


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