A lo warrior

¡Nada les parece!

Hay que estar ahí, expuestos al penetrante sol que acaricia los 35 grados centígrados y a la asfixiante humedad que hacen de San Pedro Sula, un descomunal sauna. También hay que estar ahí, para pisar el césped y corroborar que es silvestre, rebelde y más pesado que la misma estadística en contra que cargaba la selección mexicana en suelo hondureño. Vaya, hay que estar ahí para entender que había que ganar como fuera.

Quienes piensan que México hizo un mal partido, que se dejan muchas dudas, que fue mejor la anterior versión del Chepo -y ante una mejor Honduras-, yo les recuerdo algo: aquella vez, no se ganó.

Señores, ¡es la Concacaf! ¿Qué esperaban? ¿Un juego dócil, con vértigo en cada línea, con jugadas repletas de brillantez, con fluidez y más de diez llegadas claras por bando? ¡Por favor! Juego eliminatorio, partido oficial, Centroamérica, cancha pesada, ambiente en contra, y un horario para nada habitual. Quienes pretendían ver "otra cosa", se equivocaron categóricamente de competencia y confederación.

Había que ser pacientes, soportar cada golpe, cada patada y no caer en el juego del desquicio y no ceder en el juego mental. Había que estar ahí para saber que desde el Himno Nacional, la afición catracha intentaría pisotear a México.

Juan Carlos Osorio suma dos partidos dirigidos. Sí, dos. Y daría la sensación que ya se le juzga como si llevara cincuenta. Apenas lo estamos conociendo. Éste es el técnico que lanza información "engañosa" en las conferencias como arma de confusión, el que no se tienta el corazón para sentar a los consagrados, el que es capaz de hacer cinco cambios de un juego a otro y de jugar sin un delantero nominal durante varios minutos.

Déjenlo trabajar. Dos juegos, dos ganados. Y lo más importante, Osorio ha generado una sana competencia interna. Los que quieren verlo caer, tendrán que esperar.


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