A lo warrior

El odiado Tigres

Podría firmar que a muchos les molesta hablar de Tigres. Se les traba la quijada cuando en la televisión o la radio, la escaleta dicta que es tiempo del cuadro felino. Pierden la dicción y la facilidad del habla como si se hubieran llevado a la boca un bocado de espinas con masa cruda.

Buscan todo aquello que pueda dañar su penetrante presente. Que si el estilo del Tuca, que si juega con puros extranjeros, que si es el equipo que más puertas ha cerrado a los jóvenes, que tiene oxidada a la cantera, que si gastan en exceso, que si contratan extranjeros menores para prestarlos, que si jugaron basura medio torneo y que qué mérito pueden tener si solo reaccionaron en la recta final.

Se dice tanto de ellos y aún así, se atreven a concluir que Tigres no pesa, que no vende, que sus portadas caben solo para el mercado de Monterrey, que es completamente indiferente como para trascender a nivel nacional y que únicamente interesa a los "anti-Tuca", "a los pro-Tuca", a los Rayados y anti-Rayados.

¿Entonces por qué cada día vemos más camisetas de Tigres en todo el país? Hace no mucho en la Ciudad de México, un pequeño portaba la de Gignac. Le pregunté si acaso era su equipo favorito. Me respondió que sí, y que además, el francés era su ídolo. ¿De dónde eres? - Le pregunté. De aquí, aquí nací. ¿Conoces Monterrey? ¿Has ido al estadio de Tigres? - No. Nunca. - Me respondió.

Tigres causa furor y de la misma forma un odio deportivo generalizado. Y ese mismo sentimiento de aceptación y rechazo, de alabanza y crítica, de señalamiento y aplauso, es el mismo que hace muchos, pero muchos años, generó el Club Deportivo Guadalajara hasta que un día logró arrebatarle reflectores, relevancia y sobre todo dinastía, al futbol de la capital para convertirse en el monstruo que hoy es. ¡Aguas!

carlosguerrerogallegos@gmail.com • Twitter@CARLOSLGUERRERO