A lo warrior

El nuevo Messi

Es otro. Tanto le martilló la cabeza el que Argentina perdiera por enésima ocasión una final, que ha decidido cambiar la fachada de niño bueno, esa imagen de criatura perfecta que durante años perduró por las canchas del mundo. Messi de un tiempo para acá parece harto de todo y de todos. Quizá hasta de sí mismo, no deber ser sencillo despertar siendo Messi, entrenar, jugar, comer, dormir y hasta amar siendo Messi, siempre con la obligación de hacerlo bien.

Tan acostumbrado al éxito del otro lado del Atlántico, que se echó a llorar inconsolable cuando Chile volvió a flagelar sus sentimientos en penales, lágrimas de impotencia, de rencor y de dolor le inundaron el rostro.

Más que futbolista número uno del mundo, Messi parecía un pequeñito de dos años perdido en el mercado sin saber a dónde, con quién dirigirse y sin sentido alguno de pertenencia.

Su estado de ánimo convulsionó y a partir de ahí, decidió mutar en chico malo, en hombre rebelde, al grado que detonó las redes sociales cuando apareció con un estilo que poco le conocíamos.

Desbalagado en un sofá, sin poses ni marcas caras que le ajusten la pretina, ni lentes finos que le equilibren el rostro, Leo presentó al planeta su nuevo look: barba crecida, tornasol, pelirroja y un tanto desaliñada como dictan los estándares lumbersexuales; es decir, de relajado citadino, emulando a un guardabosques que corta y carga leña para llevarla a casa.

En la fotografía también se aprecia un tono platinado en la cabellera nunca antes visto en él y mucho más camuflaje en la piel, de un par de años a la fecha, Messi se convirtió en fino lienzo de muralista urbano.

Atrás quedó el tímido fleco, el dócil peinado que le cubría la frente y el corte de pelo apenas llamativo.

El mejor futbolista del mundo parece hoy, más futbolista que nunca. Por extraño que se escuche.

carlosguerrerogallegos@gmail.com
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