A lo warrior

El México que sabe abrazar

En México no tenemos instalaciones para albergar unos Juegos Olímpicos de Invierno. Pero estoy seguro que de tenerlas, naturales o artificiales, nuestro país sería un constante contendiente para organizar el magno evento. Sin lugar a dudas abriríamos las puertas al planeta con la nobleza que nos caracteriza. Entre todos esconderíamos el polvo acumulado por años y lo pondríamos por debajo de las alfombras mientras somos observados por el mundo. México retaca las tribunas, bate cifras de asistencia y le da folclor a todo lo que se le presenta en el aparador de espectáculos masivos. Consumimos como pocos y abrazamos como nadie. Sanos e inigualables querendones. Además, expertos en todo. Si la NASA viniera con un concurso de aeronaves espaciales, llenaríamos el recinto. Con la misma alegría con la que se vitorea a La Chofis López, se le aclama al piloto Lewis Hamilton y con la pasión con la que se le aplaude a la nueva promesa americanista, se le rinde culto al primer defensivo de los Titanes de Tennessee que pisa la cancha del estadio Azteca.

Nos hacemos respetuosos en el tenis mientras Rafa Nadal construye su ritual de gesticulaciones antes del saque, pero rompemos la aguja de los decibeles cuando pasa a 300 kms por hora el auto de Checo Pérez. Sea la NFL, la NBA, el World Golf Championships, el Rally México, el Abierto Mexicano de Tenis o la F1, los mexicanos nos pintamos como nadie para demostrar que nos encanta disfrutar, que sabemos distinguir, que nos gusta lo bueno, que somos fuertes, que podemos albergar eso y más y que como país, somos una exquisita envidia. Este México que abraza, que usa matracas al celebrar un gol o que aplaude con sutileza un hole in one, me encanta. Este México de buenas noticias me gusta. Y mucho.

carlosguerrerogallegos@gmail.com • Twitter@CARLOSLGUERRERO