A lo warrior

México y el pantano panameño

Nada más apegado a la realidad futbolística de la zona y nada más espeso que el partido entre Panamá y México. Certera copia de lo que normal y tristemente se ve por los espinosos terruños donde el temor a la derrota marca la pauta del juego.

Fue una oda, un fiel retrato de nuestra confederación. Si Wikipedia quisiera explicar el concepto de partido eliminatorio de Concacaf, colocaría en “enlaces externos” hasta abajo de la página, el link de este duelo. Y si a Siri le preguntáramos sobre el partido, estoy seguro que respondería algo sobre la hambruna en el mundo o de coraje, haría colapsar el dispositivo.

Un daño terrible el que ambas selecciones llegaran con un triunfo en calidad de visitante. Tan confortable sintieron el colchón de tres puntos que decidieron recostarse en la impresentable cancha para sobrellevar el juego, dejando que las manecillas hicieran el trabajo sucio.

El partido resultó tan cortado como el cuerpo de alguien que traspasa un cerco de púas y tan oscuro como si lo hiciera con los ojos vendados. Concierto de imprecisiones con la justificación de que se disputó en un campo que parecía minado. ¡Caray! Tanto glamour en la cancha y sin una alfombra roja para la pasarela. Lamento decir que así se hubiera jugado en Wembley, la pelota seguiría llorando.

Desde el silbatazo el empate generó empacho. El no perder sació las mentes entre rotaciones, variantes, lesiones y amonestaciones. 

Malos anfitriones con los que asistieron y con los que vieron el juego macabro por televisión.

La selección termina el año como el niño estudioso de buenas calificaciones que memoriza todo sin ser necesariamente, el más inteligente, listo y preparado para la vida fuera del aula. Aquél que sufre cuando le cuestionan algo que no venía subrayado en el libro. 

carlosguerrerogallegos@gmail.com

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