A lo warrior

Entre Lobos y Tiburones te veas

Se incendia el vestidor del Veracruz. Señal inequívoca de lo ardiente que están las cosas en el Puerto. (Y no necesariamente por su temperatura). Así el Golfo de México estuviera en Escandinavia, las llamas del descenso quemarían todo alrededor como sucedió en la intimidad de los Tiburones Rojos.

Es el estadio Luis de la Fuente un aferrado y viejo enamorado a vivir la vida al límite. Entre arrugas, ecos de gol y partidos de descenso, numerosas historias ahí se han escrito con guiones fuera de toda lógica y proporción. Inundaciones, socavones, apagones de luz y hasta vientos huracanados tras una puerta negra.

¿Con qué más se le podría sorprender al vetusto inmueble si la misma noche donde atestiguó un paro arbitral también se detuvo el corazón de AníbalRuiz?

Es el Pirata de los golpes bajos. Como el de Kuri a Codesal o el de Cuauhtémoc a David Faitelson.

En fin, Veracruz aprieta fuerte las manos para no caer al abismo y su estadio se prepara para otro desenlace tan dramático como el rojo de su fanaticada.

Pero a 287 kilómetros de distancia, hace erupción otro volcán de nerviosismo. A 3 horas, 46 minutos en automóvil, el Olímpico Universitario de Lobos BUAP, se debate entre la vida y la muerte. Recinto donde no se conoce la calma, donde el día de mayor oleaje y turbulencia es el día perfecto para empujar a su capitán a alta mar.  A cuatro jornadas de que todo termine, la arriesgada decisión de Lobos parece tan quemante como el fuego del vestidor en Veracruz. Margen de maniobra ya no existe. Lobos es hoy, un salto en avioneta sin previa revisión del paracaídas.

¿Quién se salvará? El fracturado Lobos que se resquebraja en el momento donde mayor unidad debe existir o el aventurado Veracruz que no le teme a nada porque ya lo ha visto todo.

carlosguerrerogallegos@gmail.com
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