A lo warrior

Jémez, el mago de los globos

Eso es, o mejor dicho, eso tendrá que ser. El español parece que ha comenzado a persuadir a la nobilísima afición de Cruz Azul con un verso firme y candente. Humilde cuando se trata de reconocer lo malo y autoritario cuando se tiene que levantar la cabeza como primera medida para salir del fango. Su guion está perfectamente entretejido y tan revisado como un discurso presidencial.

Pero atención, la vara está tan abajo y tan pisoteada que, todo aquello que suene heroico será aplaudido. Jémez la tiene fácil en el tema del discurso, como un mago de brunch dominical que usa la inocencia de los niños como fórmula de atracción con tiernos globos en forma de french poodle. Algo similar sucede con la afición cementera. Paco aprovecha la enfermedad para que las palabras sepan a cura.

Jémez fue compañero de vestidor de Guardiola y de Luis Enrique en los tiempos de Camacho como seleccionador de España. De ellos adoptó más técnicas de golf que filosofías de juego. Y no es que Paco odie la posesión extrema de la pelota, pero asegura que no sirve de nada tener el balón siel rival a la primera te anota.

Francisco deberá ser una bolsa de reanimación, instrumento vital en la ventilación asistida cuando el paciente se encuentra en estado crítico. Cruz Azul lo está. Paco deberá llenar de oxígeno los pulmones de un equipo marchito.

Alguna vez relató que jugando para el Deportivo de La Coruña vivió su momento más cruel dentro del futbol cuandosu equipo perdió increíblemente el título en la última jornada. Debían no perder o al menos empatar y que Barcelona no ganara. Bueno, sucedió todo lo contrario.

Ahora llega a Cruz Azul con el riesgo de que ese amargo recuerdo sea destronado y que otro pasaje más doloroso, se instale en el calabozo de las memorias negras.

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