A lo warrior

De Hollywood a México

Y yo que pensaba haberlo visto todo. En aquella noche de gala, en medio de la confusión y la humillación, justo en el punto exacto donde la realidad parece confundirse con la ficción, la entrega de los premios Oscar vivió su momento más incómodo y ridículo de la historia.

¿Cómo fue posible que a los maestros de la producción televisiva, a las deidades de la planeación y la ejecución y a los asombrosos generadores de shows y espectáculos se les haya escurrido como agua de las manos tan significativo detalle? ¿Por qué el error apareció exactamente en el clímax del evento y no en algún otro insulso pasaje menos llamativo como la premiación al mejor vestuario o mejor maquillaje?

En el escenario donde iban de un lado a otro las atónitas miradas de escritores, actores, productores, guionistas y conductores -ingredientes para todo tipo de montaje- la trama dio un vuelco inesperado para un jamás pensado.

Hace un par de días, Enrique Bonilla, en otro tipo de escenario, sin tantos reflectores y parafernalia, sin performance ni presentadores de por medio, se aventó un cortometraje digno de gala hollywoodense. Tan inverosímil e inadmisible como lo sucedido con los premios de la Academia.

Cuando dio a conocer las sanciones, más débiles que ganado en tiempos de sequía, todos los que seguíamos la conferencia en vivo nos volteamos a ver con el mismo asombro y la misma incredulidad de Meryl Streep y Dwayne Johnson The Rock al momento de escuchar que “La La Land” no era la vencedora en la categoría estelar.

Queda claro que para que aparezca una sanción ejemplar, tristemente deben registrarse pérdidas fatales. Y acá no hablamos de actuaciones, sino de vidas.

Sr. Bonilla, pase a recoger su estatuilla por su película “Aquí, donde nada pasa”.

carlosguerrerogallegos@gmail.com • Twitter@CARLOSLGUERRERO