A lo warrior

El circo de la Concacaf y Conmebol

Estados Unidos mostró el músculo cual joven en gimnasio para impresionar a la chica que a lo lejos lo observa. Una gama de escenarios tan relucientes como poderosas fibras de abrillantado fisicoculturista en competencia.

Si mañana tuviera que celebrarse la Copa del Mundo, Estados Unidos podría realizarla sin necesidad de resanar ni pintar nada. La Copa América del Centenario retacó de dólares los bolsillos de los organizadores que vendieron boletos a más de un millón y medio de aficionados. Grandiosa visión de montar el circo de tres pistas en el terreno más multicultural del mundo.

El certamen resultó costoso para Brasil que acabó con el prestigio pisoteado. La camiseta está percudida. Brasil hoy sabe a café rebajado. Ya nadie lo respeta. El scratch convirtió oro en papel en efecto contrario al del rey Midas.

Para México, una Copa dolorosa. Nadie la olvidará. Y pensar que se venía de tropezar en dos ediciones anteriores porque no convocarona los estelares, a los sonrientes, a los todopoderosos. Un ridículo mayúsculo.

Espinosa competencia para Argentina. Vencida una vez más por esos demonios que la persiguen con diabólicas formas desde hace décadas. No hay talento suficiente que pueda aniquilar el miedo. Si el mejor jugador del mundo no tiene la cruz bendita para exorcizar demonios, parece que nadie podrá. Messi se ha hartado de orar por todos y de la sotana albiceleste se ha despojado.

Chile abrazó el fresco recuerdo para cobrar con clase cada penal como hace un año. Hoy, los de Pizzi podrían jugar con una venda en los ojos y aun así, Alexis sabría dónde está Vargas para ponerle un balón al pie.

El circo regresará a casa, a Sudamérica, tiempo suficiente para que Estados Unidos siga fortaleciendo sus pectorales con nuevos estadios, para que Argentina salga del cuarto oscuro y para que México deje de temer a sus propios jugadores. 

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