A lo warrior

La tragedia como punto de inflexión

Permeados por la tragedia ajena, le sonreímos más de lo común a cada día y le encontramos un sano motivo a cada minuto concedido pues, claro está que la vida no la tenemos comprada. No está en los anaqueles, no se etiqueta y no se factura.

Suspiramos profundo por el dolor de aquellos que perdieron la vida y por aquellas voces que entre lamentos no han logrado –ni lograrán- encontrarle explicación al trágico hecho que acabó con la esperanza de todo un equipo. Que al final, los colores son lo de menos.

Entre el vértigo informativo, hoy las redes sociales juegan un papel primordial para unir eslabones. Somos testigos de un documental en vivo, sin cortes, sin filtros y sin post producción. Así nos enteramos que a Thiaginho le informaron que sería papá. Su corazón latió a mil cuando se percató que ninguna broma se escondía. Brincó como un niño por la bendición que le cambiaría la vida. Vaya ironía.

Y apenas lo digerimos cuando el epicentro noticioso vuelve a sacudirnos con la muerte del portero Danilo quien había logrado sobrevivir al accidente aéreo.

Pudo al menos despedirse de los suyos. El destino le concedió unas horas más para decir los te quiero o los te amo que habían quedado en la lista de pendientes.

Y no se trata de algo tan banal como el futbol cuando se habla de seres humanos que deseosos de alcanzar la gloria, el destino los hizo tocar el cielo. No es el Chapecoense, es la dantesca adversidad que nos recuerda que un “hasta mañana” es hueco cuando ni un “hasta luego” podemos echarlo al bolsillo.

Dejemos que el tiempo haga su labor silenciosa. Que en 18 años el pequeño Thiaginho porte con orgullo la 10 y que toque la pelota con esa alegría que su padre mostró al enterarse de que venía en camino. En un camino diferente, simplemente.  

carlosguerrerogallegos@gmail.com

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