A lo warrior

Cementerio cementero

Monarcas jugó a no jugar y le resultó. La estrategia fue más mental que futbolística para aniquilar a Cruz Azul. Entendió la debilidad cementera y a partir de ahí, rebuscó su planteamiento hasta mutarlo en un laberinto emocional.

Monarcas desquició a Cruz Azul. Le concedió la pelota, le hizo creer que eran poderosos y superiores. Les permitieron llegar una y otra vez al marco de Sebastián Sosa sabedores de lo estéril que es su ataque al momento del disparo a quemarropa. Frente a la portería, Cruz Azul volvió a ser el mismo de siempre. El equipo nublado al que se le enredan las piernas y se le extravían las ideas. No importa cuán vistoso, agradable o efectivo pueda ser antes de adentrarse en el área grande o chica. Ya estando ahí, desvanece. El estado mental de por sí afectado fue el peor enemigo para Cruz Azul. Del dominio, pasaron a la brutal e incontrolable desesperación. De la posesión de pelota al ya no saber qué hacer con ella y del control a la precipitación. Había que aburrir a Cruz Azul y Monarcas hizo perfecto el acto. Lo fue enloqueciendo hasta llevarlo al escabroso manicomio de los últimos minutos, justo ahí, donde por los oscuros pasillos mentales de cada jugador celeste, se aparece la incapacidad vestida de fantasma.

Cruz Azul debe atenderse. Sentarse en el diván y ser medicado si es necesario. Su problema ya no pasa por algo tan banal como pegarle a gol cuando la pelota está en el sitio adecuado. Un descenso por dramático que se escuche podría resultar la mejor opción para renacer, reintegrarse y reinventarse. Urgen psicólogos, psiquiatras, especialistas, maquinaria pesada para quitar el cascajo y de paso, el absurdo y lastimoso hashtag#ElFuturoEsAzul utilizado en sus redes.

carlosguerrerogallegos@gmail.com • Twitter@CARLOSLGUERRERO