A lo warrior

Catástrofe

Jamás había visto algo así. ¿Cuántos factores tienen que conjuntarse para que un equipo a nivel de selecciones (no amateur, no colegial, no de barrio) reciba siete goles? Se tiene que hacer –y dejar de hacer- todo lo humanamente posible para arrastrar el poco o mucho prestigio como se arrastró ante Chile.

Humillante y vergonzoso. México terminó como normalmente culmina sus duelos Liechtenstein cuando enfrenta en eliminatorias a Alemania o Italia. Pero los nuestros, ante unos andinos que embriagados de gol, pasearon felices por la cancha como lo haría una pareja de enamorados. Sin que nadie les molestara, sin que nadie les tapara el paso.

México en 90 minutos, mutó en San Marino o en la selección de Fiji. El paso que se da hacia atrás es brutal.

Hace unos días le pregunté a Osorio si en los duelos anteriores se había corrido con fortuna. Me respondió que sí. Sabedor en el fondo, de que su equipo había logrado con resultados positivos, maquillar una serie de errores presentados en esos duelos donde sólo se engordó la buena racha pero sin buenos nutrientes.

Ha sido un golpe duro, letal y fulminante. Y aunque tampoco creo que el 7 a 0 refleje en su totalidad la actualidad y la realidad de la selección nacional, es más que suficiente para que se abran los ojos y para que la hamaca en la que se encuentran plácidamente reposando algunos, sea desprendida del árbol enraizado por los hombres de pantalón largo.

La selección está excesivamente cobijada. Aburguesada también. Jugadores que condicionan sus convocatorias, otros que prefieren no venir y algunos que ya en las giras y concentraciones hacen lo que quieren porque no hay autoridad que les pueda poner un freno.

Si se pretende aprender de la dantesca caída, serán necesarias toneladas de disciplina y mejores actitudes al interior.

Osorio fue tan responsable como los jugadores. Uno por malas decisiones, el resto por ejecutar mal, por caminar en la cancha y por morirse de nada.

Con justa razón la solapadora afición mexicana, esa que llena estadios en Estados Unidos aún en partidos moleros, abandonó el inmueble a partir del tercer gol. Ya desde entonces, apestaba a fracaso.




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