A lo warrior

El bosque de Decio

Nunca imaginó que sus primeras horas serían un verdadero torbellino. Inclusive los días previos al momento de asumir el mandato. Digamos que ni tiempo tuvo de respirar, de estirar las piernas ni de soltar el cuerpo en el más cómodo de los sillones para después, limpiar con toda calma la oficina que le dejaba Justino Compeán.

Técnicamente no era aún el presidente de la Femexfut cuando debió tomar las riendas para controlar al caballo desbocado. De golpe y de sorpresa le llegó uno de los más grandes retos y responsabilidades desde que -también técnicamente- decidió vestir de pantalón largo para remover y/o calmar las aguas en las altas esferas de nuestro futbol.

Decio de María nunca proyectó que en cuestión de horas debía exterminar, con la eficacia de un fuerte insecticida, el proceso del Piojo por el conato en el aeropuerto de Filadelfia y que debía encontrar con cronómetro en mano y en cuenta regresiva, al nuevo estratega para conducir el destino de la selección mexicana.

Hoy, Decio de María está realmente preocupado. Avanzan los días, las horas y nada se sabe con certeza sobre el próximo seleccionador. Solo rumores, especulaciones y borregazos en la prensa. Un suculento caldo de información que vende y atrapa, pero sin sazón de certidumbre. 

Los juegos de septiembre están a la vuelta de la esquina y el juego crucial ante Estados Unidos a dos concentraciones. Cuidado.

Decio está en medio del bosque que sigue con espesa neblina, es de noche y se prevé una tormenta. Los candidatos comienzan a caerse y la lista se reduce dramáticamente. Decio camina aunque no va solo. Junto a él, su ahora hombre fuerte y de confianza Guillermo Cantú, quien ya opera aún sin nombramiento oficial.

Espero que pronto encuentre el rumbo. No hay mucho tiempo ni suficientes provisiones. A lo lejos ya se escuchan algunos aullidos en ese escalofriante bosque. Y eso que apenas son, 11 días de gestión.

carlosguerrerogallegos@gmail.com

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