A lo warrior

Año negro

Se veía venir. Raúl Gutiérrez jamás contó con el apoyo y el respaldo necesario para amalgamar el proyecto de Juegos Olímpicos. Cuando tuvo suficiente tiempo para las concentraciones, no tuvo a todos los que en su mente rondaban para empezar a darle forma al equipo y cuando los tuvo, lo que faltó fue tiempo para los mini procesos de trabajo.

El apoyo de los clubes fue distinto hace cuatro años para los juegos de Londres. Ahora, esta selección Sub 23 lució arrinconada entre la euforia de la Copa América Centenario -que dejó más dolores que satisfacciones- y la eliminatoria mundialista. Los focos se centraron solo ahí. El tiempo se les vino encima.

"Refuerzos" que no fueron refuerzos –a excepción de Oribe – y jugadores muy por debajo del nivel requerido para al menos competir. El "chico maravilla" Hirving Lozano, entregó números reprobatorios desde el verano pasado. Éste era su evento, éste era el momento para que se destapara y demostrara al mundo de una vez por todas que puede jugar en cualquier equipo europeo. Después de estos meses, está claro que Pachuca aún le asienta bien, que está bien ahí todavía, que no está listo para el salto.

El fracaso es claro, es gigantesco y doloroso. De hecho, es el más grande tropiezo de toda la delegación que viajó a Río de Janeiro aun cuando faltan días de competencia. Es un deporte que se cuece aparte con presupuestos altos, con una federación autónoma, autosuficiente y que participó con profesionales. No empecemos a comparar la caída con otros deportes. No confundamos la gimnasia con la magnesia. Lo del futbol no tiene nombre.

Se vienen los tiempos de la selección mayor con la reanudación de la eliminatoria, ¿Osorio convocará a los de Copa América o a los nuevos talentos de la 23? ¿Además de Gutiérrez y Pérez, qué otro se rescata? Y es que para septiembre, el olor a fracaso seguirá impregnado en las camisetas.

carlosguerrerogallegos@gmail.com
Twitter@CARLOSLGUERRERO