A lo warrior

El americanismo no se mancha

Por más ausencia de ideas para engalanar el Centenario y por más tinta derramada en el escritorio de un burdo ejecutivo, el americanismo no se mancha.

Dicho sentimiento está muy por encima de Ricardo Peláez y de Pepe Romano. Con ellos o sin ellos, la historia azulcrema no tiene por qué percudirse tanto o más como la actual camiseta. No son los altos dirigentes, ni los elegantes hombres de pantalón largo los que dejan huellas imborrables en un equipo; son los que marcaron un antes y un después con botines, shorts y camiseta.

El americanismo es aquello que a través de los años sigue impregnando y cautivando a las nuevas generaciones. Un patentado producto que surgió desde la talentosa fábrica de los Reinoso, Santos, Zague, Tena, Arlindo, Borja, Kiese, Ortega, Blanco; y de la mente maestra de José Antonio Roca, quien le dio nombre y apellido al sentimiento.

Hablar de la banda Matute y pensar que el error de un himno puede corroer y carcomer la historia del América, sería creer que la tinta de una pluma alcanzaría para borrar una fastuosa biblioteca o que de un soplido se pudiera generar un huracán. Imposible.

Homenajes desangelados, un himno señalado, mosaicos de tabla gimnástica de escuela primaria y un Azteca que ya parece todo menos estadio Azteca. La dirigencia del América no ha logrado entender lo que significa el americanismo, olvidándose de todos los que pagan un boleto por hacer crecer su pasión. Por su bien, que llegue el título.

Así que no se confundan. Las malas decisiones de un presente extraviado en la oficina, nada tienen que ver con la historia del equipo por más que algunos se esmeren en romper las vitrinas. Afortunadamente, éstas permanecen inmunes al igual que los títulos que en ellas habitan.

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