A lo warrior

Algún día se irán…

He visto llorar a Messi. Lo he visto doblar su cuerpo y llevar las manos a las rodillas como buscando en el césped, explicaciones por culpa de alguna amarga noche. También lo he visto frustrado de no poder asomarse ni al balcón de su hotel por el caos que genera allá afuera.

El tímido y ahora desaliñado macho alfa, en su último y memorable festejo, levantó sigilosamente la camiseta blaugrana antes que el rostro. Como si le apenara ser tan bueno. Silencioso predador al que si lo hacen sangrar, contesta con goles descomunales y al que si lo sientan a juicio, termina por ser quien dicta la sentencia.

Y aún así, acostumbrado a ser visto como una deidad, Messi no es de otro planeta como a los relatores nos gusta etiquetarle. Es terrenal. A esas mágicas piernas se le agotarán algún día los trucos y llegará la cruda realidad donde ya no será requerido para el cuadro titular.

De la misma forma sucederá con Cristiano Ronaldo. Llegará el momento en que el más atleta de los futbolistas y el futbolista más atleta del mundo, ya no contará con la misma potencia en sus músculos para proyectar sus letales y favoritos misiles de redondas formas.

Monstruo merengue, de asombrosas propiedades curativas para los enfermos y necesitados de espectáculo y a la vez, tan mortífero para las redes enemigas.

Una pena, por no llamarle vergüenza, ahogarnos en baratas y eternas comparaciones. Frente a nosotros tenemos a dos artistas como para empeñarnos en encontrarles la mayor cantidad de defectos para ver quién resulta más malo de los dos. Tonterías. Disfrutemos de este par de revolucionarios. Respetemos sus estilos y admirémoslos hasta el cansancio puesto que en unos años, ya sin sus goles, nos tendremos que conformar con un melancólico: "¿Te acuerdas de Messi y Cristiano Ronaldo?".

carlosguerrerogallegos@gmail.com • Twitter@CARLOSLGUERRERO