A lo warrior

A la afición del Cruz Azul

Mi total admiración para los que han soportado tanto. Mi profundo respeto para esos nobles, pero valientes y creyentes que están siempre ahí, con las lágrimas amaestradas para sacarlas a relucir cada que un sábado se cruza en el calendario. Puntuales a la cita con el cruel destino, se abrazan a la esperanza como el que se aferra a un rosario cuando presagia el peligro.

Son ustedes admirables porque jamás se han rendido, ni cuando han pasado de la sopa caliente a los sorbos de ese engrudo desabrido a falta de títulos. No sé de dónde provean su fuerza para atornillar la armadura cada que las ráfagas de eternas derrotas los aniquilan. Son un caso especial.

¿Qué deuda estarán pagando que ni la taza de interés más alta les agota la voluntad de seguir abonando cada semana para bajar el saldo de la dolorosa cuenta?

Ahí siguen, permanecen estoicos a la causa cementera sin un solo brote de ilusión que les haga creer que sus empolvadas vitrinas volverán a abrirse. Qué lejanas aquellas tardes de gloria cuando nadaban en cristalinos cenotes. Hoy patalean para no hundirse en el pantano de la decepción.

Son asombrosos. Pagan por sufrir el vértigo de una montaña rusa y se han acostumbrado al zangoloteo y a la sensación de vacío. Apenas bajan y vuelven por otro boleto para regresar sin garantía de nada a ese sitio donde lo único seguro es que la madera se hace cada vez más vieja y donde persisten las descomposturas.

Nadie los culpa, hasta cierto punto es normal que paguen por sufrir. Las ferias no tendrían el éxito de cada año en las explanadas cuando aquellos gigantes mecánicos emergen para generan temor, adrenalina y satisfacción.

Admirables cruzazulinos masoquistas del futbol, poseedores de una fe suprema, griten y gocen a la vez que todos tenemos gustos culposos.

carlosguerrerogallegos@gmail.com

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