A lo warrior

Rostros ocultos

He sido testigo de la macabra transformación de los últimos directores técnicos de Selección Mexicana. En algún momento les llega ese punto de inflexión donde invariablemente, la asfixiante presión los colma hasta que resulta imposible ocultar la ira.

En cuestiones matemáticas, un punto de inflexión significa que la curvatura de una estructura cambia de convexa a cóncava y viceversa. Una torcedura, un giro. Un turning point, dicho en otras latitudes. 

Javier Aguirre, en sus momentos de mayor crítica, bajaba su gorra hasta la media frente para evitar todo tipo de contacto visual. El Vasco se ocultaba el rostro. Incluso en sus últimas conferencias de prensa jamás levantaba la mirada al momento de responder.

Chepo de la Torre tuvo también una marcada trasformación. De por sí serio y enemigo de las lentes, todo aquello se le convirtió en un dantesco infierno cuando la situación numérica y futbolística era insostenible. Nunca perdió los estribos —ante las cámaras—, pero la cara adusta y la mandíbula apretada le cambiaron el semblante.

Pasó lo mismo con Tena y Vucetich. Le bastó al primero un juego y al segundo dos para envejecer lo que un proceso natural llevaría un año. Y qué decir de Miguel Herrera. Sabemos cómo de la amigable y bonachona figura, se procedió a un desquicio que le llenaba de sangre caliente la cabeza.

Parece que Osorio ha llegado a ese punto de inflexión. Las rabietas nunca antes vistas en él, remarcan que en cada proceso es INEVITABLE no cruzar esa delgada línea de transformación. Y es ahí donde entonces, cada DT muestra su fortaleza mental para volcarse y caer al barranco o bien, para dar un oportuno volantazo, frenar, respirar y retomar el camino.   

carlosguerrerogallegos@gmail.com • Twitter@CARLOSLGUERRERO