A lo warrior

La de Oro, una obligación

Y no me digan que no. México debe ganarla a como de lugar. De preferencia jugando bien, con conceptos claros y una estrategia definida. Lo más alejado posible de esos amistosos interminables que nos retacan la mente de nuevas formaciones y alineaciones con miles de cambios entre cada tiempo.

Por el bien de Miguel Herrera, de algunos jugadores que por enésima ocasión reciben otra oportunidad, por el bien de la Femexfut que entrará en etapa de transición y nuevos mandatos, de los patrocinadores, de los socios comerciales pero, sobre todo, por el bien de nuestro propio prestigio, que se alce la Copa Oro.

México presentará un trabuco comparado con selecciones que hasta incompletas han arribado a Chicago como el caso de Cuba. Seis de sus principales jugadores –por no decir que sus figuras- además de su director técnico, apenas llegaron esta madrugada.

Ni Cuba ni Guatemala ni Trinidad y Tobago deben -en teoría- representar un dolor de cabeza a los nuestros. La primera ronda con un poco de seriedad se pasa caminando. El problema vendrá a partir de los cuartos de final donde nos toparemos con los Honduras, Costa Rica o Panamá; esos que se juegan una especie de Mundial exprés cada que se enfrentan con México.

La verdadera prueba de Miguel Herrera es la Copa Oro. O el proyecto se fortalece, se unifica con la panacea que puede representar el torneo, casi como un bálsamo para las heridas recientes, o de plano esto se hunde. No quiero ni imaginarme lo que se vendría en caso de un fracaso.

Señores, insisto, se tiene y se debe ganar. Lo mismo que se le pidió en su momento al Chepo y ya vimos lo que sucedió. Que sirva esa amarga experiencia de ejemplo para que la excesiva confianza se deje a un lado. Eso de que México con la simple presencia se adjudica los partidos quedó en el pasado.

Vayamos colocando a Estados Unidos en la final. Entonces México, búscalo y véncelo.

carlosguerrerogallegos@gmail.com

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