A lo warrior

Operación cicatriz

"En la mano, la cicatriz estaría en la mano para poderla ver..." me respondió Juan Carlos Osorio cuando le pregunté en dónde estaría la marca del 7 a 0 si estuviera en algún lugar de su cuerpo.

Imaginé que me diría en el pecho o en la cabeza, pero nunca en la mano.

Su semblante es distinto, la mirada aún luce confundida. Hay dolor. Pero Osorio mantiene intacto el discurso. Son más sólidas las palabras que utiliza como arma de defensa hasta para razonar todo aquello que no tiene justificación. Habla de responsabilidad, de errores y de generar competencia como válvula de escape para salir del túnel. Por un momento deja sus famosos "vértices" de lado.

Osorio buscó renacer en los días posteriores a la más escandalosa derrota en la historia de la selección mexicana. Tuvo que buscar ayuda, escuchar y ser escuchado como alguien que requiere desahogo en una sesión de alcohólicos anónimos. Encontró en Marcelo Bielsa refugio, cobijo y auxilio como un niño explorador que ha perdido la brújula y que aún golpeado, debe regresar al bosque para encontrar su camino.

El silencio también comunica. Osorio no da nombres. Las pausas que hace entre cada respuesta dicen mucho. Hay que leer entre líneas e interpretar sus mutis para detectar de dónde nace su molestia. Está enojado consigo mismo, pero también con los de aquella fatídica tarde que se derrumbaron ante el primer espadazo.

El colombiano está claro que la cicatriz que ha dejado Chile debe ser el recordatorio de lo que México debe hacer para dar el gran salto a una alta y mejor competencia para salir de ese maldito y eterno sitio donde todo sigue estancado.

Venga señor Osorio, píntese entonces la cicatriz en la mano; ahí tiene un par de plumas. Hágasela con tinta roja y no azul. Sería más real y sobre todo, con el color de Chile, el del modelo de estructura que se debe intentar igualar.

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