A lo warrior

Marcados de por vida

¿Miguel Herrera es recordado por sus números con selección mexicana? No. ¿Acaso por fastuosos logros con el Tri? Tampoco. Primero porque no los tuvo (la Copa Oro que ganó con más dudas que certezas no es para presumir), segundo porque somos de memoria corta para guardar aspectos positivos y tercero, por la forma en que salió por la puerta de atrás.

Al día de hoy, donde quiera que se pare, la herida de su salida se le debe erizar cuando algún comentario le llega a sus oídos por leve, sarcástico, inocente o imprudente que sea, sobre aquel capítulo de desquicio en Filadelfia cuando antepuso las vísceras.

De la misma forma, a Juan Carlos Osorio le quedará de por vida una cicatriz queloide, una marca que crecerá más allá de la herida aun sobre piel sana. El nefasto 7 a 0 permanecerá tatuado tan profundo como si la tinta le hubiera penetrado el alma.

No sé qué pasará con Osorio, cuánto más lo dejen trabajar, si le darán las gracias, si lo obligarán a cambiar sus formas o si le impondrán un nuevo “brazo derecho”. No sé si rueden cabezas –al menos una tendría que caer-, pero a partir de ahora, se consigan objetivos o se vuelvan a dejar escapar, el 7 a 0 debe servir como bofetada para despertar a una selección solapada.

Se requiere de alguien con absoluta autoridad para que ponga orden a ese puñado de jugadores que han convertido a la selección en un jardín de niños caprichosos. Que yo sepa, son los maestros y los directores los que implementan las reglas, no los que cursan en las aulas.

Que se retomen los hilos de la selección y que se remueva a quien se tenga que quitar sin importar apellidos. De no ser así, nuestro futbol se convertirá en un cuento de horror con hombres retacados de cicatrices a flor de piel sin rumbo alguno. 

carlosguerrerogallegos@gmail.com

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