A lo warrior

Juego de tronos

Está el que se planta en la sala de prensa con el mismo aplomo que en el medio campo. Que no le teme a ningún cuestionamiento y que jamás rehúye a las preguntas incómodas. Hoy, brazo derecho de Osorio en el terreno de juego, capitán y líder; guía de los que apenas comienzan el sueño en selección nacional y estandarte de la llamada generación de oro de nuestro futbol.

A Andrés Guardado en Holanda lo respetan y en Eindhoven lo idolatran cuando pisa la cancha. Lo aclaman cuando sale de ella y en la grada remuneran el compromiso con mosaicos dignos de palacio.

Por otro lado, está el irreverente y atrevido que no tiene miedo alguno a sepultar su propia carrera. El que vive al día –futbolísticamente hablando- como lo haría un vagabundo sin saber qué vendrá el día de mañana. Al que le da lo mismo entrenar poco o mucho un lunes o miércoles porque sabe que el domingo –día de partido- sus talentosas piernas ahí estarán para dar la cara con algún gol de antología.

Quizá ya no disfruta del futbol, pero sí de un concierto a la media noche. Bajo luces neón y altos decibeles de acelerados bits, se siente cómodo para continuar con ese modus vivendi donde no hay cabida al remordimiento. Carlos Vela, el más dotado de los nuestros, le va y le viene si es convocado como que le van y le vienenlos porcentajes de masa muscular.

Por último, está el que decide levantar la voz cuando ya todo parece perdido. El que vino del exilio para relatar "su verdad" mientras dejó escapar tiempo valioso. El que dejó crecer rencores llenándose de orgullo sin saber que soltó la mano de importantes clubes que le retacaron los bolsillos. Ya tendrá tiempo Ángel Reyna para saber en qué momento se perdió en el bosque.

Un Príncipe al que le falta pocopara quedarse con el trono de Rey, un Carlos V de aires aristócratas que podría terminar en el plebeyo Carlitos y un Ángel Reyna que lleva en su mismo nombre, algo de contradicción y coincidencia.


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