A lo warrior

Homenaje a la honestidad

Desde la famosa secretaria y los líos de firmas apócrifas, no se caminaba por un sendero tan lodoso. Arenas movedizas con aroma a descomposición, duda y trampa. Movimientos por debajo del agua con la astucia que todo gángster desearía.

América luce desesperado y desconcertado por su futbol que no convence. En pleno centenario, se roba la atención a la mala, atentando contra el propio reglamento, recordándonos los tiempos de los cachirules y al autoritarismo de escritorio.

Lo que más me duele es la indiferencia de algunos ante semejante desfachatez. "Es el Temo, es referente, tiene derecho". "No es para tanto, va a jugar unos minutos y ya". Manifestaciones donde la camiseta y la desbordada idolatría vencen a la propia sensatez.

Somos un pueblo extraño. Destrozamos al funcionario que apenas sube al templete y señalamos al corrupto, pero de igual forma y casi por default, también hacemos trizas al que intenta hacer bien las cosas. Nos genera escozor todo lo que tenga que ver con los que gobiernan, pero no con Cuauhtémoc. A él se le puede solapar y hasta justificar el chiste de prestarse –literal– a un juego oficial.

Y no es el hecho de que juegue uno, diez, o noventa minutos, el tema es que será parte de un partido de Liga. No será homenajeado en una simple cascarita entre amigos. He ahí la gravedad del asunto.

América y todos los involucrados ensucian este negocio que tanto se ha esforzado por parecer impecable. Mucho de lo construido se puede derrumbar por un desabrido capricho. Y del número 100 ya mejor ni hablamos.

Así no señores, así no. Si tienen tantas ganas de homenajear a Cuauhtémoc, pónganle su nombre al Azteca o reúnan a Tena, Zelada, Zague, Reinoso, Santos y que entre ellos, en un partido de leyendas, brinden el espectáculo que el once actual no otorga.

Qué mejor homenaje al futbol, a las glorias, al americanismo y sobre todo, a la honestidad.


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