A lo warrior

La Final de Messi y Valdivia

Argentina luce portentosa. La forma en como aniquiló a Paraguay fue suculenta. Un manjar futbolístico. Una maquinaria engranada y liderada no por una, sino por un cúmulo de figuras que recorren la cancha en completo estado de gracia. Hoy Argentina genera la sensación de que su juego y deseo colectivo está muy por encima de ese estigmatizado ego individual con el cual cargan por default.

Messi no ha anotado. Qué importa. No requiere de goles para darse a conocer ni para comprobar su calidad. Siendo el autor intelectual de todos ellos, puede -si así lo desea- sentarse cómodamente en medio campo como lo haría un aficionado frente al televisor, para ver cómo alguien más culmina la obra que fabricó en su mente.

Aún así, Messi no busca el sofá. Prefiere acompañar el recorrido de la pelota por si algo sale mal de la mano de sus dos fieles alfiles, Pastore y Di María. El primero, pensante y experto cambiante de ritmos. Frena cuando hay que hacerlo y dinamita cuando el bloque del rival ya está agrietado. El segundo, el velocista más técnico aunque menos estético del mundo. Lo hace todo bien y además tiene gol.

Pero Chile no se queda atrás en elogios. Su juego nos transporta a esos tiempos donde lo más importante era el buen trato a la pelota. A los andinos les duele maltratarla. Prefieren tocarla con elegancia. Sus avances son como oleaje de bahía, suaves y constantes, pero con fuerza y rompimiento en la orilla.

Valdivia es el genio, el cerebro, sin la mitad de los reflectores de Vidal, Alexis y Vargas. Sin él, dudo que Chile estuviera a 90 minutos de la gloria. Lee como nadie el partido, marca la pauta y filtra balones con la precisión de un cirujano.

Argentina luce fortalecido tras la goleada, Chile, altamente inspirado y con un onírico entorno a favor. Que sea una digna Final y que la balanza no la incline Conmebol.

carlosguerrerogallegos@gmail.com

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