A lo warrior

¡Cuidado con el monstruo, Decio!

A falta de recursos, argumentos y sanas emociones, el guión de nuestra Liga ha dado un giro inesperado. Sus últimas páginas están entintadas de apocalípticos párrafos donde las batallas parecen disputarse no sólo en la cancha, sino en el escritorio bajo la tenue luz de una vieja lámpara. Y es que en medio de tanta altanería, palabrería, falta de juegos memorables, ha nacido un extraño ser. Un monstruo que vorazmente se alimenta de la crisis por la que atraviesa el arbitraje. Que ríe socarronamente cuando escucha las palabras de Codesal y que se carcajea cuando al interior de la Comisión, comprueba que las puñaladas por la espalda son común denominador. Los silbantes con falta de personalidad alimentan al maligno ser. Él feliz de que se equivoquen, de que señalen un fuera de lugar cuando no existe o de que den por bueno un gol mal parido por posición adelantada. El monstruo sigue creciendo. Sus intestinos se agrandan cuando la Comisión Disciplinaria no supo del lío en el que se metió cuando sucumbió ante la presión mediática. Se les hizo viable, sencillo y justiciero sin imaginar que resultaría complejo y contraproducente. Ahora sonríe cuando todos protestan, cuando algunos levantan la mano al sentirse exhibidos y cuando a través del video, del slow y del zoom, se busca ganar lo que en la cancha se perdió. El esperpento se regodea e hidrata con los excesos de morbo. En los últimos días encontró un hábitat perfecto para darle sentido a su vida. Patalea de gozo ahora que el caso del Pikolín parece casi encaminado a los tribunales para que un juez establezca si es o no culpable. Tan lejos no estamos de los careos. A este engendro le duele la mandíbula. Es insaciable y quiere más. No le bastó con el show de Néstor, con los lamentos de Amione, con la patada de Darwin y con su incongruente castigo, con las infamias de los silbantes, con el misterioso escupitajo, con los engaños en el área y con las endebles Comisiones donde se pactan sanciones y abundan sumisiones. Por favor Decio, detén al monstruo que nos va a devorar. Córtale los hilos y haz que nazca un nuevo ser que se alimente de goles, de buenos goles, de buenos juegos, mejores árbitros y mayor justicia. Sólo de eso.   

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