A lo warrior

Chivas, el partido de su vida y Carmen Salinas

Así debe encararlo, lo digo sin exagerar. Debe enfrentar el Clásico como el último juego de su vida para recuperar algo del sabor perdido, para levantar el prestigio arrastrado en los últimos meses y para darle color a esa camiseta, que entre tanto manoseo directivo, luce cada vez más exprimida, encogida y percudida.

La historia no gana partidos. Nunca he visto que un trofeo salga de las vitrinas para calzarse el modelo de zapatos de mayor tecnología para golpear el esférico. Tampoco las estadísticas juegan. Son simplemente ese empalagoso betún que aunque decora, no da soporte ni forma al pastel.

Dejémonos de cosas. Hagamos a un lado los clichés de que en los Clásicos cualquier cosa puede pasar. No caigamos en obviedades. Si a esas vamos, si tan necesitados de banalidades estamos, comencemos por preguntar su pronóstico a Carmen Salinas, al Loco Valdés, a Chabelo o a Beto el Boticario.

Centremos el análisis en el actualidad y llevémoslo al presente que es donde verdaderamente se juega. Chivas llega en absoluta inferioridad respecto al América. No hay forma de comparar números ni juego. Tampoco proyecto. Mientras que los de Coapa se conducen por la vía de la estabilidad, en terreno plano y de concreto, Guadalajara nada por el Amazonas entre voraces pirañas.

Al América nada le pasa si pierde el Clásico.Ni dejará de ser favorito para el título, ni pedirán la cabeza de Ambriz o la renuncia a Peláez. A Chivas, a Chivas vaya que le dañaría. Enfermaría en cuestión de minutos. Se cuestionará la contratación de Almeyda, se culpará a la cúpula retacada de organigramas hechos bolita de papel y se señalará por enésima ocasión a Vergara como principal responsable.

El verdadero rival de América es el propio América. Un exceso de confianza podría aniquilarlo. Días después en León, estará su verdadera prueba de fuego. Chivas hoy, tristemente, no le representa nada, gane o pierda.   

 

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