A lo warrior

Goleadas que avergüenzan

A nadie le hacen bien. No sirven ni como lección para el vencido, ni como medalla al mérito para el vencedor. Lastimoso y lamentable ver otra inmisericorde goleada en la Liga de España.

La manera como quedó desmoronado el Dépor ante el cuasi todopoderoso Barcelona, es el reflejo de una competencia que, justamente de competencia, tiene poco. ¿Quién puede aplaudir algo así? ¿Quién puede celebrarle a la bestia el devorar a la frágil presa cuando ésta yace prácticamente muerta en la cancha? A mí no me resulta emocionante, como tampoco ver a un Barcelona obligado a caminar ante un rival tan limitado.

El Dépor se había comido ya cinco goles cuando apenas el reloj rebasaba los 65 minutos. Al juego le restaban más de 25. Una interminable agonía. Frustrante ver a Borges, a Cani, a Navarro y Sidnei, voltearse a ver uno al otro no sólo con la espinosa sensación de saber a qué hora terminaría el maleficio, sino de qué hacer para frenar a esa máquina que encontró al descobijado con quien desquitar el frío que sintió hace unos días en Champions.

Goleadas de escándalo que no saben a triunfo, sino a desigualdad. De ésas que no deben ni presumirse. De ésas que dejan un sabor extraño hasta al autor intelectual. Ni Suárez, ni Neymar pudieron gritar con eco en sus festejos porque se sabrían ridículos. Lógico. Nadie de tercero de secundaria lo haría ante un equipo de segundo de primaria.

Es triste que una Liga tan poderosamente mediática entregue historias donde los abismos entre los tres fuertes y el resto son inmensos y dañinos.

Por cierto, el Dépor no es el peor del torneo como alguno pudiera pensar con esa casi decena de goles clavada en su ser. El equipo de La Coruña se ubica en el puesto 14 por encima del Espanyol, Rayo, Sporting, Granada, Levante y Getafe.

Riqueza y pobreza extrema.


carlosguerrerogallegos@gmail.com
Twitter@CARLOSLGUERRERO