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Un día de furia

Miguel Herrera siempre será el mismo. El Piojo controlado, ese que trabajó Ricardo Peláez y el resto de los directivos americanistas desapareció el último día en el que dirigió al club.

La frustración de un contundente 5-1 en el global destruyó la imagen del ahora técnico de la selección nacional. Muchos consideramos una virtud esa sangre caliente que contagia y motiva en el vestidor, pero cuando se está en el tope de tu carrera, cuando estás en la posición a la que todos aspiran llegar; no se puede acabar insultando al árbitro central, a los asistentes, a los reporteros y al rival.

El abrazo con Gustavo Matosas no borra la falta de respeto a un equipo que fue mejor. El futbol es simple, gana el que hace más goles y León hizo muchos. Lo único lógico ante una diferencia de ese tamaño es reconocerlo.

Herrera tiene unas cuantas semanas para enmendar la “estupidez”-usando sus propios términos- del domingo por la noche, porque si la silla del entrenador del América está caliente, la del tricolor quema.