Así lo vivimos

Ojalá que te convenzan

No me acostumbro, por más que los rivales como Justin Gatlin le rindan tributo, ese no es el lugar de Usain Bolt.

Me tocó cubrir los últimos tres Juegos Olímpicos, ver las carreras, escuchar las largas conferencia con el hombre más rápido de la historia.

Hasta en los palcos de prensa había que llegar muchas horas antes para ocupar un lugar en el estadio de atletismo de Pekín, Londres y Río de Janeiro. Nadie se quería perder ese espectáculo.

En el 2012, me tocaron los empujones cuando los guardaespaldas de Paul McCartney llegaban corriendo para que el músico no se perdiera esos 9.63 segundos en los que se detenía el mundo para verlo derrotar a Yohan Blake.

El más grande atleta de todos los tiempos no debería irse así. En los ocho años de su dominio solo una salida en falso y el dopaje de uno de sus compañeros fue capaz de arrancarle el oro.

Nadie va a borrar lo que hizo, pero Bolt se merece mucho más, es único dentro y fuera de la pista. Aunque Michael Phelps tenga muchas preseas más, la pista es muy diferente a la piscina. El 4x100 puede ser una oportunidad de irse en la cima del podio en Londres, aunque con la forma presentada en estos días no es la garantía a la que nos tiene acostumbrado.

No es su intención y es casi imposible que la curva de rendimiento le dé para llegar hasta Tokio en la prueba reina, mucho menos pensar en combinar con los 200, pero el círculo cercano del jamaiquino sabe que las proyecciones pueden ser buenas en los 400 metros. La mirada cómplice de su agente lo revelaba hace un año cuando prometía el retiro en un año después de Río.

Ojalá que lo convenzan, ojalá que regrese a la gloria. 

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