Así lo vivimos

El amor entra por los ojos

Estuve en Monterrey el sábado para la boda de un buen amigo. Tuve que refugiarme en la barra de un restaurante con pantallas gigantes para poder ver la última carrera de Usain Bolt, pero por más que corrí, llegué tarde, cuando me senté los británicos celebraban el oro.

Un mesero me relató lo sucedido, con una emoción que me sorprendía, antes de que comenzara la repetición, ya había visualizado cómo Usain comenzó a renguear, hasta que no pudo apoyarse y terminó tirado sobre la pista en su afán por cruzar la meta por última vez.

No solo me enteré de eso, Alejandro, me dijo también que no era lo mejor de la jornada en los campeonatos mundiales de Londres, me contó cómo un alemán se quedó con la medalla de oro en el lanzamiento de jabalina porque fue el único “que la llegó hasta el 90, hasta lloró de la emoción”.

¿Te gusta el atletismo?, le pregunté.

“No, nunca lo había visto, está TDN porque ya va a empezar el futbol”, fue su respuesta.

He tenido la oportunidad de cubrir tres Juegos Olímpicos para Grupo Milenio y me he contagiado con esa pasión que tienen los fans por las disciplinas de pista y campo, es raro que alguien que pueda verlo en vivo salga sin maravillarse con los alcances del ser humano.

Alejandro vio por casualidad a Johannes Vetter convertirse en campeón mundial de lanzamiento de jabalina, lo disfrutó sin preocuparle que el gran favorito, Thomas Rohler no ganara ni lanzara para más de 93 metros como ya lo había logrado esta temporada.

A veces solo hace falta conocer un deporte para enamorarse de él. El atletismo mexicano, que solo regresó con la medalla de Lupita González y pasa por una etapa oscura a nivel federación, con el presidente imposibilitado hasta para viajar, necesita mucho de esa exposición para empezar a cambiar la situación. 

carlos.contreras@milenio.com

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