Así lo vivimos

El traje nuevo de Mohamed

Hace muchos años existió un emperador…

Antonio Mohamed fue coronado en el Apertura 2012, se paseaba por un reino alegre y bullicioso. No le importaba ser respetado, solo el traje de campeón, que tan bien le queda, que buscará estrenar cada vez que pueda.

A ese emperador lo engañaron, lo convencieron de hacerle el traje más fino, el más lujoso y que nunca vestiría uno de tal naturaleza. Su círculo cercano, se encargó de decirle que era cierto, que las ropas que vistió el domingo eran inigualables.

Lo vistieron, sus asistentes cargaron la cola hacia el desfile en el Estadio Azteca, donde un gentío compuesto por decenas de miles vitoreaba su nombre, le recordaba lo hermosa que era esa vestidura, toda la escena era sin igual.

El emperador estaba desnudo.

Se coronó en uno de los torneos de nivel más bajo en los últimos años, fue líder, nada de “súper” con apenas 31 puntos, solo la diferencia de goles le ayudó a recibir en sus terruños, donde fuera como fuera todos iban a recordarle lo hermoso de su traje.

¿Quién podría cuestionarle la grandeza de su casaca y pantalón? Aquellos que se atrevieron terminaron viendo la final desde su casa, esperando a que acabara su dominio para volver a la corte.

El emperador hizo lo que estaba acostumbrado, imponer sus condiciones, pero se escuchó una voz que le recordó que no traía puesto nada. Que dejó el trono por voluntad propia, que Gustavo Matosas ocuparía su puesto por su propia soberbia.

Por más que siguió con el juego y la gran mayoría lo alabó en su momento, Mohamed sabía que había que aguantar hasta el fin. Lo hizo todavía más altivo que nunca y acompañado de sus asistentes que sostenían la inexistente cola del traje.

Se llevó su dignidad y dejó la copa. 

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