Así lo vivimos

Nadie miente como Tom Brady

En esta década de cobertura de Super Bowls me ha tocado ver a las grandes estrellas de nuestra generación y la forma en la que manejan a la prensa.

Ben Roethlisberger es directo, Drew Brees es honesto, Ray Lewis es extrovertido, Aaron Rodgers es elegante, Eli Manning es tímido y Peyton Manning es convincente con sus palabras.

Pero ninguno es como Tom Brady. Él lo resuelve todo con una sonrisa.

La mitad de los reporteros que se juntan a su alrededor durante las sesiones de preguntas y respuestas solo lo contemplan durante horas, no se atreven a preguntarle nada al único hombre que ha jugado siete veces el Super Bowl.

Sus emociones no pueden ser naturales, la experiencia le ha enseñado a mantener esa actitud positiva y esbozar un gesto alegre cuando lo cuestionan con algo que lo incomoda.

El lunes estuvo cerca de llorar al mencionar a su padre en dos ocasiones, pero Brady no puede darse el lujo de romper en llanto frente a cien cámaras que apuntan a su rostro. El martes confesó que su madre está enferma y no la ha podido ir a ver en toda la temporada, sin despeinarse ni hacer mayor gesto.

Hizo lo que pudo para no hablar de su amigo más notable, el presidente Donald Trump, para evitar las distracciones a su equipo.

¿Será que puede concentrarse en el partido y la que describe como la "gran experiencia" de jugar en México cuando su amigo es acusado de amenazar la soberanía de ese país?

Sí puede, por eso es el mejor de todos los tiempos. Fueron los méritos de los rivales los que lo marginaron de ganar en más ocasiones el título de la NFL, él nunca se derrumbó ante la presión y no lo hará esta vez.

Brady mantendrá el semblante esta tarde de nuevo y lo hará hasta el domingo en la noche, cuando, en caso de ganar, lo felicitarán desde la Casa Blanca y podrá arrancarse la sonrisa falsa y ponerse una de verdad.

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