Así lo vivimos

La sonrisa de Messi

Los lobos muestran los colmillos, guardan la lengua, abren la boca, levantan las orejas, abren los ojos y engañan con esa “sonrisa” justo antes de morder.

También necesitan un reto, prefieren atacar a presas en movimiento que a las que los esperan de pie como si no se inmutaran por su presencia.

Este lunes en la gala del Balón de Oro, vimos, por primera vez a un Lionel Messi convencido de que no ganaría el premio al mejor jugador del mundo. No había argumentos para ponerlo arriba de Cristiano Ronaldo durante el 2014.

Manuel Neuer se presentaba como ornamento, se une a la lista de todos los que hubieran merecido ganarlo en los últimos siete años como Frank Ribery, Wesley Sneijder, Arjen Robben, Wayne Rooney, Andrés Iniesta, Ángel Di María o Xavi, por mencionar algunos.

Nunca marcarán más goles, ni venderán más camisetas que CR7 o Messi, tampoco convencerán a técnicos, capitanes o periodistas de que son dignos del premio.

Pero ver a Leo, por primera vez en mucho tiempo con una nueva actitud confirma todos los rumores. Reconoció que no era favorito, declaró tener un mal año en lo personal y con el Barcelona. Con todo y la media decena de récords que impuso en España.

El argentino dijo y compuso su frase en términos de no saber dónde jugará el próximo año, habló bien de su némesis portugués. Hasta abrazó a su hijo, una nueva empatía, fue más amable de lo acostumbrado, está lejos de la cima, el terreno donde con todo merecimiento se siente familiarizado.

Pero no se engañen con el Messi de esta semana en Suiza, el lobo siempre muestra esa cara antes de morder. La sonrisa presagia una decisión para el verano, que lo llevará fuera de Barcelona. Al que seguramente será el proyecto más ambicioso y caro en la historia del futbol.

Un proyecto donde pueda hacer correr a los rivales antes de acabarlos. Donde vuelva a ser el depredador y no la presa.

carlos.contreras@milenio.com

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