Así lo vimos

Que sigan caminando “así” los alemanes

El 24 de junio de 1990 la selección de Argentina derrotó a 1-0 a Brasil en octavos de final de la Copa del Mundo de Italia con un remate de Claudio Caniggia. Ese triunfo inspiró a la hinchada albiceleste para adaptar el “decime que se siente” y provocar en los últimos meses a los brasileños, refiriéndose a que tienen “en casa a su papá”, prometiendo que Messi se iba a traer la copa de vuelta, y cerrando con un “Maradona es más grande que Pelé”.

Una provocación directa, de esas que a los aficionados se les ocurren todos los días, ¿para qué van al estadio si no pueden retar al contrario con un canto? ¿Si ya no se puede disfrutar el momento del triunfo?

Los jugadores lo cantaron varias veces, incluso en el vestidor mundialista.

Me sorprende que alguien se sintiera ofendido porque un grupo de campeones del mundo se agacha y dice “así caminan los gauchos” y se levanta en festejo diciendo, “así caminan los alemanes”. En todas las finales, el perdedor sale encorvado y el ganador se queda saltando en la cancha, es inocente y se realiza en Alemania casi siempre. En 2008, cuando festejaban el subcampeonato de la Euro, otro grupo de jugadores, de los que solo Schweinsteiger repite, hizo lo mismo en el escenario montado en la puerta de Brandeburgo diciendo “así caminan los españoles”, aun tras la derrota.

¿Quién traza la línea de lo que se puede decir y qué no en el histórico festejo del triunfo? No resulta peor el folclórico: “Brasil va a probar el chile nacional”, de los mexicanos o el “que se enteren todos los indios (los del Atlético) quien manda en la capital”, entonado por Sergio Ramos en la Cibeles tras ganar la Champions League de este año. Vaya, de las barbaridades dichas en los festejos tumultuarios el “así caminan los gauchos” es el menor de los pecados, si no pregúntenle a José Mourinho cuando en 1997 prometió: “Hoy, mañana y siempre con el Barça en el corazón”.

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