Así lo vivimos

Esa no es mi selección

No hay argumentos que sustenten un cambio en la dirección técnica de la selección nacional. Los 10 triunfos en 13 partidos, los 16 de 18 puntos en el primer cuadrangular rumbo a Rusia 2018 respaldan a Juan Carlos Osorio. Sería una locura pensar en algo diferente para el Hexagonal. Pero por muy fríos que son los números y la base del resultado es irrefutable, nadie está contento. Las respuestas son las mismas, cambió la palabra “rotación” por “oportunidad”, pero el contenido no se modificó. El discurso es el mismo. El gesto es diferente, la barba cana y el seño fruncido no retratan al responsable de un éxito, por el contrario, pareciera un proyecto decadente. El lunes trabajaron en el Estadio Azteca, durante los minutos abiertos a los medios vimos un grupo con armonía, pero es fácil cuando llegas a un partido donde no tienes nada que perder, con excepción del respeto. Honduras ya ni se acuerda de lo que es perder aquí. Ese día, el colombiano dijo muchas cosas, pero aseguró que era la oportunidad para recuperar a los aficionados, para que la gente vuelva a sentir que la selección “es suya”. No ocurrió, se desperdició el momento con un partido infame y el público pide un cambio. El director técnico habla en la primera persona del plural, asegura que alguien más viene en el barco, expresa que “nos corresponde a nosotros”, cuando se refiere a desarrollar jugadores que antes no estaban en la selección y a no privarse de “nuestra idea”, al hablar de cambiar a medio equipo en cada alineación. Los conceptos no son nuestros, pertenecen a una sola persona, que hoy es dueña de la selección e impondrá su ley hasta que los números dejen de respaldarlo. Mientras tanto, esa selección no es mía, ni de la mayoría de los aficionados que se tomaron la molestia de asistir al Azteca. 

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