Así lo vivimos

Round 3

Julio César Chávez mando a “chingar a su madre” a alguien durante un espacio en vivo en ESPN ayer. No está claro si le molestó la pregunta sobre la canción con la que caminará al cuadrilátero o algo que sucedió cerca de él, pero es un reflejo del momento que vivió el jueves.

Está sometiendo a su cuerpo a una situación extrema.

Se acerca el momento de enfrentar a la báscula, para Chávez Jr. ha sido uno de los más complicados durante su carrera, pero se ha tornado en una pesadilla desde la derrota con Sergio Martínez en 2012 que lo llevó a subir hasta el peso semicompleto.

El miércoles en la conferencia de prensa final se quitó los lentes de sol apenas durante unos minutos, ponía poca atención a lo que decían el resto de los integrantes del presídium, checaba su celular, tomaba fotos. Se notaba incómodo.

Solo quienes han cortado peso saben por lo que está pasando, el hambre y la sed afectando durante más de 48 horas afectan a cualquiera, más si tiene que dar una docena de entrevistas y responder a las mismas preguntas de los últimos meses, mientras que se preocupa por no perder un millón de dólares por cada 450 gramos que se exceda en lo pactado.

El alivio, si es que Julio da el peso (164.5 libras), será para todos, empezando por él, su padre y su equipo, los apostadores que pusieron su dinero en él y hasta para Canelo. Nadie quiere pretextos en un enfrentamiento donde se juegan la credibilidad, que, a pesar de sus logros, ninguno de ambos tiene por parte de los fans en México.

Cuando decidieron pelear sabían que sería así, los estragos del peso los viviría Julio en las semanas previas y Saúl lo hará durante 36 minutos o menos durante la noche del sábado, cuando se suba al ring y sienta el punch de un rival hasta 10 kilos más pesado que él, con una buena pegada y una resistencia similar a la de la quijada de su padre.

carlos.contreras@milenio.com • twitter@CCLegaspi